Archive for noviembre 2005

¿DE QUÉ TE RÍES TRUJILLANO?

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Por: Johnson Centeno

Me río del Presidente Regional, que no acaba de entender que es mejor ser guía de los liberteños, antes que búfalo aprista, anti imperialista y mal orador. De sus pelos largos de tío cosa, de su aversión a la prensa (ésta, no la de Lima), de sus pasitos, de sus asesores personajillos que lo siguen hasta el baño. De sus fuerzas realistas, de su revolución fantasma y sus laureles Chan Chan. Me río por acordarme del Pablo Milanés y su “Cuánto gané, cuánto perdí”. De su casita en California. Jo.

Me río del caballero Murgia, de su vejez monótona que nos remolca —isócrona—, de su acomodo elefantiásico en “su” esquina de la plaza, de su urbe chapoteada de ticos, de sus “paseos peatonales”. ¡De sus semáforos! De su chirriada defensa al personal de su partido, de su asesora teniente, de sus ‘confianzas’, de su chofer dormido. Me río de que piense que todos somos una tira de imbéciles. De su expediente, de su guayabera blanca y su mejor semblante, de sus ritos acompasados; de lo que hasta hoy no ha probado y no sabe lo que se pierde.

También de los concejales de la comuna y el espectáculo en sus sesiones, del borrachín, de sus párvulos intentos al parlamento. De que lo logren. De los perjuros, de sus misas, de sus dietas, de sus ternos XL, de su caspa, de sus idas y venidas en el papiro. “Así es mi Trujio”, me repite uno. También de los ex, sobre todo de uno aficionado a las fotos, generoso en sillas e inmune. Ja, ja.. Me río.

Me río de cierta prensa truji – llana, boca de miel, pata de mosca, de sus recibos por honorarios, de sus encerronas en Larco, de su albergue junto al inodoro, ¿metropolitano?, de sus canjes al lenguaje y a la Caja; de sus informes en directo —¿somos amigos, dí alcalde?— , del cholo auspicio y del gato pelado. Del patriarca del periodismo truji – llano, de sus doscientos años en el aire; del sumo pontífice, del salsero, del bigotón, del negro y sus broncas, de ese programita cursi, de sus “cazadores”, de sus polémicas vidas y sus trampitas de nigths. De sus mundos jurídicos. Ja.

Me río del pavimento en la España, del hollín de la once, de sus putas más acá, de la 19, de la colita en el Jano´s, de sus murallas —cinturón de castidad le dice mi amigo Hooker—. Del chongo de Sedalib y la Tacher (cómo será de vieja) del PAP. Me río de sus placas al hilo, de su dólar informal, de sus antas y monumentos, de su olor entrada la tarde, de su hipocondría, de su jactancia minina a la noche. De sus gemidos tras la puerta rentada.

Me río de sus ambulantes y turroneros, de sus trapos de fotocopia, de sus CD’s ídem, de sus “hola hermanito” del Decano del Burbujas. De sus leches de tigre y sus sopas teólogas, de sus recetas macrobióticas en Huanchaco, de sus aprendidas manías, de sus combis y sus paranoias telúricas santiaguinas; de su ascensor cultural, de sus poetas fumones, de sus anuncios.

Me río de la suegra del golf, de su política, de su evangelio, del yernito bacán. También del osito talqueado, de su estudio y sus cafés en pizarro, de sus lentes de plata. De ese notario agarrado que se la tira de poeta. De sus ríos de vodka, de su ballet, de sus pescuezos empingoratados, de sus puritos en el Central.

Me río de esta ciudad inventada (¿1534, 1535?), de las penas de los Vallejos, de la manita del Víctor Raúl, de la leche asada —única— de doña Carmen, de los alfajorcitos Castañeda, de su fútbol de tercera, de los López y los Mochicas, del emporio sobreuniversitario, del serrucho que corre, de lo que todavía no suena, del micrófono abierto, de su defensora, de su estatua castrada —pobre—, me río de que ahora se ría el pirata Raveneau de Lussan, de los “Invencibles de Trujillo”, de la música que zapatearon. Me río de este gentilitius tan bobo, de esta ciudad que no ha parido, que no me merece, porque me río...

LO QUE SE DICE DEL PERUANO

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ENVIADO POR: Johnson Centeno (jcentenob@hotmail.com)
El peruano no se casa: se amarra, se matrisuicida.
El peruano no tiene un bebe: tiene un chibolo, su tolaca, su ñaño, tiene su wawa, su calato.
El peruano no vaga: hace hora, mata el tiempo, la hace larga.
El peruano no tiene enamorada: tiene jerma, costilla, hembrita, tiene monta, tiene marcación, sucursal cuero.
El peruano no duerme: jatea. Al peruano no le da vergüenza: se paltea, le da roche, se friquea, se muñequea, esta con rochabus (¡ta que palta!).
El peruano no es feo: está hasta las huevas, está en naranja huando, está que no pasa nada, es federal, es un moticuco.
El peruano no te pide un cigarro, te dice: toca tu fallo, pasa tu incendio, pásame el cáncer una piteadita, una cachadita.
El peruano no jura, te dice: "a la firme" "por mi madre cuñao", por la Sarita.
La peruana no tiene enamorado: tiene machete, tiene gil, su jinete, su sacaconejos, tiene su gilberto, su machuca fuerte, su mariscal, su Montanter, su mariachi, ¡SU PEOR ES NADA!
El peruano no es tonto: es cojudo, monse, gil, ahuevado, tarado, sonso, huevas, corcho, es un huevón.
El peruano no piensa: cranea, computa.
Al peruano no se excita: se arrecha, se pone arriola, se pone Soller, durazno, rifle.
El peruano no convence: tira floro.
El peruano no es estudioso: es cháncon, cráneo coco.
El peruano no se cae: se saca la mierd...
El peruano no tiene amantes: tiene calentados, amarres.
El peruano no es muy bien parecido: esta en algodón, es un cuero, un churro.
El peruano no sale con una chica: tiene un plancito.
El peruano no se ríe: se caga de la risa.
El peruano no tiene amigos: tiene patas, cuñaos, causas, chocheritas, choches, yuntas, cápsulas. El peruano no es un tipo de mal gusto: es un chuzco, un huachafo, un angurriento.
El peruano no esta viejo: ta cocho, teclo, tio.
El peruano no muere: cuelga los tenis, estira la pata, manca.
El peruano no es de baja estatura, es: chato recortao, jinete de cuy, domador de....
El peruano no se enoja: se asa, esta que revienta se paltea.
El peruano no tiene varias novias, es:, un jugadorazo es un pendejo. Y por último... ¡El peruano no es cualquier cosa, es PERUANO! Lo máximo. ¡ARRIBA EL PERÚ CARAJO!!!

EL OTRO CUENTO

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Escrito por Miguel
Una princesa que se había escapado de un cuento por tener un final triste, llegó a la casa de Juan el flautista. Quien vivía tocando su flauta y haciendo llorar a las piedras.
Tocó su puerta y saliendo Juan a su encuentro lo primero que hizo fue preguntar qué deseaba. Ella que no sabía exactamente dónde estaba ni por qué estaba, le preguntó si era Juan el flautista, que vivía tocando su flauta y haciendo llorar a las piedras.
Juan le contestó, sí soy yo ¿qué se le ofrece?
-Soy la princesa Meli y me acabo de escapar de un cuento por tener un final triste.
-¿De qué cuento exactamente?
-De uno que todavía no acaba, porque me escapé de él.
-Bueno, y ¿cómo llegaste hasta aquí, cómo sabes quién soy?
-Llegué por una puerta que decía: cuento de Juan el flautista el que vive tocando su flauta y haciendo llorar a las piedras.
- ¿Y no sabes que está terminantemente prohibido pasarse de un cuento a otro?
- Sí lo sé, pero es que no me quedaba otra alternativa. Resulta que en el otro extremo del reino vivía un príncipe al que todos llamaban el animal, por su aspecto feroz y su maldad sin límites.
- Y, ¿qué con él?
-¿Me dejas entrar por favor? Está haciendo frío acá fuera.
-Está bien, pasa. Mi casa no es muy lujosa como un palacio pero tiene su encanto. Aquí se puede dormir de la forma más placentera, que en cualquier otro lugar del mundo.
La princesa entró.
Siéntate, le dijo Juan, después de cerrar la puerta.
Ella se sentó en una modesta silla de madera y paja que crujía al menor movimiento de su cuerpo. Eres muy amable, le dijo. Sígueme contando ¿Quién era este príncipe al que todos llamaban el animal por su aspecto feroz y su maldad sin límites?
-Este príncipe era hijo del Rey Negro, famoso por su crueldad y arrogancia. De quien se decía había hecho morir de miedo a los laureles.
-Continúa.
-También era hijo de Melba la hechicera, la que podía apoderarse del alma de las personas.
-Y, ¿qué fue lo que pasó?
-Lo que pasó fue que un día al Rey Negro le llegó la noticia de que a su hijo a quien llamaban el animal, por su aspecto fiero y maldad sin límites, le dieron ganas de hacer una maldad que pondría en peligro al reino entero.
- ¿Cuál era esa maldad?
- Robarse la luz del día de la cual mi reino era propietario.
- Y, ¿cómo iba a lograr eso?
- Secuestrándome. Ya que la luz me seguía a todas partes.
- Y, ¿qué sucedería después?
- Después me llevaría a su reino de sombras al cual la luz no podría entrar, por serle prohibida la entrada.
-Y ¿el Rey Negro qué hizo cuando se enteró de lo que su hijo pensaba hacer?
-Pensó que su hijo había perdido la cordura. Ya que por miles de años la luz y las sombras permanecían separadas a causa de una rotura en el tiempo y en el espacio.
Y entonces cabalgando sin parar fue en busca de su hijo, el cual decidido a cometer su fechoría se había ido a vivir en el extremo que separaba los dos reinos. Pero antes que llegara, el príncipe animal había logrado ingresar al otro reino después de burlar a los guardias, quienes no lo vieron entrar a causa de un sueño que les dio por haber respirado un vapor que salía del príncipe animal. En realidad nosotros no solíamos dormir. Vivíamos despiertos porque la luz nos acompañaba siempre.
- Y, ¿luego?
- Luego el sueño se fue apoderando de las personas y antes de que el príncipe llegara donde yo me encontraba, mi padre el Rey Blanco logró encontrar la llave que abriría cualquier puerta de las que estaban prohibidas entrar, debido a que después de la rotura en el tiempo y el espacio la fantasía y la realidad se habían separado por completo, hasta ser dos cosas irreconciliables.
- Y, ¿después?
- Después mi padre salió al encuentro del príncipe animal no sin antes darme la llave con la cual pude entrar a este cuento. No quise saber como acabaría mi cuento y ahora estoy en el tuyo. Se suponía que iba tener un final triste pero escapé de él.
-¿Qué puedo hacer para ayudarte?, le contestó el flautista.
_No creo que puedas, le contestó la princesa. Además, este es otro cuento y tú tienes que hacer llorar a las piedras con tu flauta.
-Sí es cierto. ¿Quieres escuchar como toco?
- Claro, contestó la princesa.
- Y Juan empezó a tocar y la princesa escuchaba con tristeza hasta que no pudo más y rompió en llanto. Entonces Juan dejó de tocar y las piedras dejaron de llorar y el cuento de Juan terminó. Y otro empezaba ahora.

JAIME BAYLY NO DEVUELVE PREMIO PLANETA

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Jaime Bayly acaba de ganar 150 mil euros. En moneda nacional suma más de 500 mil nuevos soles. Premio que le otorgó la editorial Planeta, por haber quedado como finalista con su novela “Y de repente, un Angel”. Pero el galardón y la apología no quedaron ahí. El escritor Juan Marsé, miembro de jurado, reprochó a María de la Pau Janer, ganadora del premio Planeta (601 mil euros) y al finalista Jaime Bayly por la “baja calidad” de sus obras.

Jaime Bayly respondió irónicamente al escritor Juan Marsé, “Es bueno que esperes que todos aspiremos a escribir novelas tan buenas como las tuyas”. Este cruce de discursos punzantes de ataque y defensa produjo más noticia que la misma premiación. Como diría el “Chapulín Colorado” todo está fríamente calculado. Escándalo igual a más ventas. Ahora sólo les queda ver resultados, el agotamiento de los libros premiados “Pasiones Romanas” de Janer y “Y de repente, un Angel” de Bayly.

¡Ah! y la respuesta de Bayly no acabó en la premiación, sino le respondió al escritor Marsé mediante una irónica conversación (artículo) con su madre vía telefónica.

Reproducción del artículo.

DEVUELVE LA PLATA HIJO
Mi madre me llama a Barcelona y me dice: Hijo, ¿se puede saber en qué lío te has metido? Le digo: No me he metido en un lío, mamá, he ganado un premio. Me dice: No me mientas, amor. Le digo: Te juro, mamá, he ganado un premio. Me dice: No es lo que he leído en el periódico acá en Lima. Le pregunto: ¿Qué has leído? Me dice: Acá ha salido en todos los periódicos que has hecho algo muy feo en España y que hay unos señores escritores españoles que dicen que has escrito unas cosas muy feas. Le digo: No, mamá, es sólo la opinión de un escritor...
Me interrumpe: Amor, a tu mami no le puedes mentir. Yo sé que has hecho algo muy malo.Es mejor que lo reconozcas con humildad cristiana y que pidas perdón y devuelvas lo que te has robado. Le digo: No he robado nada, mamá. Me dice: Bueno, tú sabrás, Jaimín, haz un examen de conciencia y pregúntale a Nuestro Señor si debes devolver esa plata. Porque acá los diarios dicen que hay unos señores muy importantes de España que están reclamando que devuelvas la plata, amor. Le digo: No, mamá, nadie pide eso.
Me dice: Acá te paso con tu papá, hijito. Mi padre me dice: Hijo, por favor, devuelve el premio, hazlo por la familia. Le digo: ¿Por qué dices eso, papá? Me dice: Hijo, no puedes seguir haciendo escándalos por el mundo. La familia sufre mucho por tu culpa. Tienes que devolver esa plata. Todo el jurado está diciendo que no la mereces.Ten un poco de dignidad y devuélvela, hombre. Le digo: No es todo el jurado, papá. Es sólo un miembro del jurado. Me dice: No, hijo. Yo vi las noticias por el cable en Televisión Española.Había una señora mayor que también decía que no mereces ese premio.Le digo: Bueno, sí, eran dos miembros del jurado. Me dice: Si has hecho trampa, reconócelo y devuelve los 150.000 euros. Le digo: No he hecho trampa, papá. Me dice: No es lo que dicen los periódicos en Lima. Acá ha salido clarito que tu novela es malísima y que hay un tremendo escándalo en España porque todos los escritores están reclamando que te boten del país y que devuelvas la plata.Le digo: No es así, papá. Están exagerando. Me dice: ¿Quieres que te pase por fax los recortes de los periódicos de Lima? Dame el fax del hotel y te los paso. Le digo: Papá, te juro que no he hecho nada malo. Me dice: No es lo que dice el jurado. Le digo: Pero el jurado me ha dado el premio. Me dice: No, hijo, lo que te han dado es una tremenda regañada. Le digo: Bueno, sí, más que un premio pareció una amonestación. Me dice: Yo te aconsejo que devuelvas la plata y pidas disculpas y dejes de escribir esos libros tan fregados que siempre escribes. Hazme caso. Yo soy tu viejo. Le digo: Gracias, papá. Me dice: De nada, hijo. Y mándale saludos de mi parte a ese señor Massé. Dile que me cae muy bien y que estoy totalmente de acuerdo con él. Le digo: Es Marsé, papá. Juan Marsé. Me dice: Sí, pues, de Massé te estoy hablando. Mándale un abrazo de mi parte. Dile que me parece un tipo de primera, muy moral. Cuando vaya a Barcelona lo voy a invitar a cenar. Le digo: Ya, papá. Me dice: Llama a Massé, hijo, y devuélvele la plata. Y dale un abrazo de mi parte. (periodistadigital.com)