Archive for junio 2006

UN VIAJE A LOMO DE YEGUA

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Foto: cortesía de transportesamaro.com
Cuando yo era niño me gustaba hacer largas caminatas, escalar cerros empinados y recorrer los ríos profundos que había en aquel pueblo lejano.

Estas aventuras las hacía con mi familia durante la madrugada, momentos cuando la luna resplandecía, y los perros todavía dormían en su lecho; otras oportunidades, después de las 8 de la mañana, cuando apenas el sol asomaba detrás de la cordillera, destino al que nos dirigíamos.

Los recuerdos más emotivos son aquellas mañanas, en las que Chayito, una prima mía, alegre y encantadora aparecía repentinamente en mi cama y me llamaba al oído:
– Lobelto…! Lobelto despierta..!, vamos a Chiyacanday a comel cañas y a cashal palomitas...

Yo apenas escuchaba “cazar palomitas” y me emocionaba profundamente, aunque sabía que era estrategia de la tía Elena para llevarme a sus fundos y hacerme trabajar gratis. Eso no me importaba, yo quería aventuras como don Quijote, el personaje de Cervantes. Me levantaba presuroso de la cama y acomodaba mi fiambre. Llenaba mi alforja con bastante pan, despues me despedía de mamá. A las 8 de la mañana comenzábamos la caminata. A pocos metros de la casa comenzabamos a subir el estrecho camino de herradura. Pero antes me encomendaba a San Judas. A decir verdad yo era muy creyente.

Cada cierto tramo durante la cuesta nos deteníamos para descansar, en especial yo, porque mi prima la Chayito ni una gota de sudor siquiera despedía, pues se desplazaba a lomo de bestia, yo era el único que sudaba la gota gorda.

Después de todo había cosas rescatables, por ejemplo nos sentábamos sobre cualquier madero, a la mitad del cerro y saciábamos nuestro apetito interior, observando el amplio paisaje natural que se extendía alrededor de aquel pueblo lejano. La verde vegetación la embellecía, parecía un cuadro de arte. Además podíamos divisar la casa de mamá y la de mi abuela. En realidad me invadía una alegría inmensa.

Más arriba, a escasos minutos de llegar al tan esperando fundo, teníamos que pasar por el cementerio del caserío Chillacanday. Debo ser franco nunca me agradó acercarme a estos lugares misteriosos. Antes de cruzar el cementerio yo siempre me agarraba de la mano de la tía Elena y evitaba respirar ese ambiente fúnebre, a muerto.

Al finalizar el cementerio, comenzaban las tierras del fundo. Los peones sabían con anticipación que llegaríamos con los pollinos de carga para las cosechas de maíz. Estos hombres poco agraciados, de muelas amarillas y rostros demacrados, tenían la costumbre de concentrar energías antes de realizar la tarea. Extendían la coca sobre sus muslos y escogían las hojas más grandes. En cuestión de minutos el jugo verdoso de la coca se les escurría por los labios. Les hacía muy fuertes. Machos. Parecía que otra vez se les devolvía la juventud a estos añosos hombres.

Mientras tanto, Chayito y yo saltábamos y corríamos esas laderas como dos cabritos inquietos. El monte era nuestro refugio. Nos escondíamos detrás de unas hojas grandes para cazar palomitas, pero nunca encontramos un nido o algún pinchón herido siquiera. Volvíamos a la hacienda plagados de tristeza.

Al cabo de las 5 de la tarde los peones cargaban el maíz de la cosecha sobre los pollinos y emprendíamos el retorno a la ciudad. A las 6 y 30 de la tarde, oscureciendo, bajábamos el camino sinuoso a filo de montaña. Esta vez yo iba a bordo de la yegua. Desde el lomo miraba hacia abajo y era un abismo, en las faldas discurría un río caudaloso. “Un resbalón y no salgo vivo de esta”, pensaba. Mejor me bajo de la yegua cavilé. En esos momentos cuando iba a pedirle a uno de los peones que me bajase de la yegua, ésta resbaló repentimante hacia el abismo y caí primero a la ladera. Rodé y rodé, daba vueltas, volantines, cerré mis ojos mejor, porque la tierra se movía ligeramente. Escuché algunas voces de la Chayito, de la tía, de los peones, recordé los bonitos momentos que pasamos juntos. Todo en un minuto. Dicen que caí al río, justo en un pozo medianamente profundo. Me encontraron después de 10 minutos en el fondo de éste, casi muerto. Ya no respiraba.

Cuando desperté ya habían pasado varios días. Dicen que estuve en estado de coma. Yo solo recuerdo que rodaba hacia el río, la tierra giraba conmigo, hasta que un fuerte golpe me di en la cabeza. Nada más. Después yacía en mi cama con el cuerpo lastimado como si me hubieran torturado con un palo.

Durante las noches, cuando, supuestamente todos dormíamos, yo no podía, me producía dolor y nostalgia. Duraba horas despierto hasta pegar las pestañas.
El tiempo me ha ayudado a olvidar esta situación poco agradable. Ahora es un recuero lejano, les cuento por si acaso algún día se me olvide y pase la página.

FRASE DE HOY

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"En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada." Franklin D. Roosevelt

Leer sobre el fracaso: El fracaso es un modo de vida

JUAN PAREDES CARBONELL, POETA LIBERTEÑO

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(Biografías)
Nació en Salpo el año 1936. Miembro fundador del grupo Trilce. Participó en la política dentro de las filas apristas, llegando a sufrir prisión en Cajamarca, en 1956 durante la dictadura del Gral. Odría. Posteriormente fue invitado por una organización izquierdista para postular como candidato a diputado por el departamento de La Libertad.
En 1960 ganó una mención honrosa en el concurso nacional de poesía "El poeta joven del Perú".

En 1994 fue elgido jefe del departamento de Lengua y Literatura de la Facultad de Educación y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Nacional de Trujillo.
Ha publicado el libro: César Vallejo, tipología del discurso poético. Esta publicación ha sido merecedor del Premio Latinoamericano CICLA de ensayo.
Entre sus libros de poesía figuran: "Canto del pueblo y del amor terrestre", "Biografía de un amor sin nombre", "Balada de la mujer común y los jardines", "Meditaciones de un oso caminante" y "El pez y la espada".

Actualmente se desempeña como docente de literatura en la Universidad Nacional de Trujillo.

LAS 11 REGLAS DE BILL GATES PARA LA JUVENTUD

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La vida es dura, perversa, sobre todo con jóvenes latinos, que despúes de estudiar una carrera, más de 5 años en la universidad, no encontramos la oportunidad en nuestros países. Buscamos emigrar, mirar nuevos horizontes, y lejos de la familia. No obstante para comprender mejor el signifado de la vida, lo que nos espera, reflexionemos cada una de los consejos que Bill Gates brinda a la juventud.
Este mensaje me alcanzó mi gran amigo Luis Lamadrid, y yo comparto con ustedes colegas bloggers.
Estas 11 reglas, Bill Gates las dictó una conferencia dirigida a estudiantes y padres de familia, aunque duras son necesarias.

Regla Uno- La vida no es justa, acostúmbrate a ello.

Regla Dos- Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo.

Regla Tres- No ganarás US$5.000 mensuales justo después de haber salido de la preparatoria y no serás un vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros.

Regla Cuatro- Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.

Regla Cinco- Dedicarse a voltear hamburguesas no te quita dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo: le llamaban oportunidad.
Regla Seis- Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no lloriquees por tus errores; aprende de ellos.

Regla Siete- Antes de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como son ahora. Ellos empezaron a serlo por pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escucharte hablar acerca de la nueva onda en la que estabas. Así que antes de emprender tu lucha por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación.

Regla Ocho- En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las oportunidades que necesites para encontrar la respuesta correcta en tus exámenes y para que tus tareas sean cada vez más fáciles. Eso no tiene ninguna semejanza con la vida real.

Regla Nueve- La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo en tu tiempo libre.

Regla Diez- La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café de la película para irse a trabajar.

Regla Once- Sé amable con los "NERDS" (los más aplicados de tu clase). Existen muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos.