Archive for enero 2006

EDMUNDO PAZ SOLDAN, UN ESCRITOR METIDO DE BLOGGER

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Edmundo Paz Soldán nació en Cochabamba, Bolivia, en 1967. Es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Ha publicado las novelas Días de papel (Premio Nacional de Novela Erich Guttentag, 1992), Alrededor de la torre (1997), Río fugitivo (finalista en el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, 1998), Sueños digitales (2000) y las colecciones de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). A su vez, es coautor, junto a Alberto Fuguet, de la antología de nueva narrativa latinoamericana Se habla español (2000).


Para Edmundo Paz Soldán, el mundo de las computadoras no es nuevo. Libros suyos como Sueños digitales o El delirio de Turing (Premio Nacional de Bolivia) así lo confirman. Hace cerca de un mes, mientras navegaba por Internet, encontró el blog -suerte de cuaderno de apuntes colgado de la red- de un crítico literario peruano. Le dio curiosidad por saber qué tan fácil era crear uno.

"Los lectores de blog son en general otros autores de blog. Nos
leemos entre nosotros. Todavía no hemos llegado al gran público. "

Blog: Rio Fugitivo


¿Qué diferencias encuentras entre escribir para un formato de papel (llámese libro, revista, periódico) que para Internet?

Quizás la inmediatez. Al escribir para un formato de papel uno demora más en ver su texto publicado, con lo que tiene más posibilidad de reflexionar, cambiar cosas; y también demora más en recibir comentarios, opiniones... En Internet todo es inmediato. A veces pongo un texto en mi blog y me sorprendo revisando a cada rato si ya han llegado comentarios.

¿Tienes mayor cercanía a tus lectores gracias a tu blog? ¿Tienes mayor contacto con tu público?

No lo creo. Sí hay uno que otro lector fiel, pero por lo pronto tengo la sensación de que los lectores de blog son en general otros autores de blog. Nos leemos entre nosotros. Todavía no hemos llegado al gran público.

¿Te explayas con mayor libertad en tu blog que en una columna de opinión de un diario?

No. De hecho, por lo pronto, mi blog lo componen columnas de opinión publicadas primero en el periódico (La Tercera de Chile) que han sido actualizadas y revisadas.

¿Crees que en algún momento el leer en un monitor textos literarios desplace a leer libros de papel?

No lo creo. Pero sí sirve para géneros breves como el ensayo y el cuento, entre otros. No sé si llegará a reemplazar la lectura de novelas.

¿Son los blog el camino de los escritores que aún no tienen cabida en las editoriales? ¿Es posible, más allá de algunos casos anecdóticos, que los blog sean un trampolín para publicar en papel o son un fin en sí mismos?

Me parece que sí en ciertos casos. Hay algunos blogs de gran calidad literaria que pueden servir para que sus autores sean más conocidos. Hace poco descubrí el blog de un chico boliviano, Paul Tellería. Sus textos son como crónicas de la ciudad de La Paz y podrían muy bien ser recogidos en un libro.

¿Qué descubrimientos literarios has tenido gracias a la "blogósfera"?

Bueno, está el de Gustavo Faverón, un gran amigo que es un buen lector y observador del panorama cultural. El de Iván Thays, que te pone al día con lo que está pasando en el mundillo literario. En Chile, los de Francisco Ortega y Álvaro Bisama, grandes comentaristas de la cultura pop. En Bolivia, El Forastero, de Miguel Esquirol, un chico que vive en Barcelona, y el de Paul Tellería.


¿Cómo llegaste a crear tu propio blog?

Una noche, después de leer el de Faverón, decidí curiosear en Internet. Descubrí que armar un blog y mantenerlo era más fácil de lo que pensaba.

¿Qué proyectos editoriales tienes para el futuro? ¿Volverás a tocar temas relacionados con las computadoras y la informática?

Mi proyecto más inmediato es una novela sobre la guerra del gas (crisis que vivió Bolivia en 2003 y que acarreó la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada), sin computadoras y sin informática.

En el Perú hemos tenido recientemente un debate sobre qué vertiente literaria es más representativa del país: si la andina o la criolla. ¿Crees que exista un tipo de literatura que es la más representativa de nuestros países?

En Bolivia hay discusiones de ese tipo. Estoy cansado de ellas y trato de no seguirlas. Hubo un tiempo que me involucraba muy seriamente, luego descubrí que hay un cierto tipo de crítica muy programática que trata siempre de buscar esenciar, de etiquetar cuál es la correcta literatura nacional y cuál no. Lo mejor es no hacerle caso y seguir escribiendo. (Entrevista tomada de andina.com.pe)

RECUERDOS

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Por Miguel Salazar
Había tanta paz en ti, se te notaba tan serena, tan fuera de lo común, tan bonita, tan sonriente, tan amable con todo el mundo, que no parecías real. Todos te amábamos.
Recuerdo tu voz, tu mirada. Hoy después de mucho tiempo me doy cuenta de la influencia que ejerciste en mí.


Siempre eras así, tan fresca, tan natural, tan buena gente y sobre todo hermosa, bella hasta al extremo.

Era muy joven entonces, nadie podía dar con mi mal, pero me estaba muriendo de a pocos. Qué habría sido de ti, porque después no llegué a conocer a nadie como tú. Tal vez eras un ángel y solamente te tocaba sacarme del infierno. Aunque a veces hasta del propio infierno se puede sentir nostalgia.

MAÑANA TE CUENTO EL RELATO

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Llevo dos horas con los brazos sobre mi escritorio y no sé que mierda escribir. Juego con el lapicero, le doy vueltas como una hélice, lo llevo a mi boca, lo muerdo y punteo la hoja en blanco. De pronto se me ocurren muchas historias pero, creo, ninguno merecen ser escritos.

Apenas empiezo a escribir dos líneas y arrugo la hoja, pienso que mi relato no les va a interesar. Medito un rato se me ocurre una historia, ésta sí es interesante, pero a mitad de relato acabo vulgarizándolo con vocablos soeces y estridentes.

Otra vez arrugo el papel y empiezo a escribir en otra hoja.
Busco concentrarme una y otra vez, pero los caprichosos zancudos merodean a mi alrededor. Me molestan cada vez que se posan en mis brazos y en mi rostro. Pero no importa sigo escribiendo, bajo la luz gris en medio de una brisa cálida.

Al frente mío se ubica mi estante de libros. De donde en cada momento presiento que alguien me observa, quizás sean los fantasmas de cada escritor que descansa desde hace ya buen tiempo en medio de las polvorientas páginas.

Mientras tanto, sigo escribiendo pausadamente, borro frases, párrafos, retomo la escritura y ya lo estoy dando forma a la historia.


Es la historia de un amigo que un día quedó huérfano de padre y madre. Solo, desamparado quedó en este mundo. Mundo tan cruel que golpea a cachetadas a los jóvenes que intentan alargar el paso y ganarle a la pobreza.

“Juancho” así se llama mi amigo, emigró a la capital tan pronto quedó solo. Trajinó día y noche en busca de cobijo. Se humilló. Mendigó. Lloró frente a la perversidad. No obstante mantenía una luz de esperanza de querer sobresalir y a no declinar en momentos en que el mundo le daba la espalda.

Hoy en día es un próspero trabajador que se ha ganado el respeto y la confianza de una empresa exportadora de textiles. Pronto montará su propia empresa, también de textiles.

Creo que es una buena historia de superación personal, un ejemplo a seguir. Es una historia interesante que en otro post detallaré.

La verdad es que han pasado las horas sin darme cuenta. Observo mi reloj son las cinco de la mañana. Esta noche siento que no he escrito nada. Sólo intentos de relatos y narraciones que acabaron arrugados en la papelera.

Apago la luz de mi sala y camino en medio de la oscuridad, tanteando el piso y calculando la distancia de mi recamara. Con mi ropa puesta me lanzo sobre la cama, con las manos abiertas, como esperando que el sueño venga a mi encuentro. Hasta mañana.

RECUERDOS DE VARGUITAS

by in , 3



Carlos Ney Barrionuevo Córdova conoció a Mario Vargas Llosa cuando ambos eran jóvenes periodistas. La vida los ha llevado por caminos distintos, pero este veterano cronista policial sigue los éxitos del escritor, sin olvidar que él condujo sus pininos de reportero.


Para muchos periodistas Carlos Ney Barrionuevo no solo es un colega, también es un maestro. Cincuenta años en las lides periodísticas lo han convertido en una enciclopedia o quizá un anecdotario de la profesión. Amante de la poesía y la narrativa, él mismo es ya un personaje de las letras nacionales. Mario Vargas Llosa, su compañero de correrías juveniles en el diario "La Crónica", lo incluyó como una de sus amistades fundamentales en "El pez en el agua": "Carlos Ney Barrionuevo fue mi director literario (...) Hablar de libros, de autores, de poesía, con Carlitos Ney, en los cuchitriles inmundos del centro de Lima, o en los bulliciosos y promiscuos burdeles, era exaltante. Porque Carlos era sensible e inteligente y tenía un amor desmesurado a la literatura, la que, por cierto, debía representar para él algo más profundo y central que ese periodismo al que consagraría toda su vida". En esta entrevista, el sabueso de antiguas crónicas rojas recuerda la época en que forjó su amistad con el joven Vargas Llosa, allá por el año 1952.

¿En qué época ejerciste el periodismo policial?
Cuando salió "Expreso", en el año 1962. Pero yo me había iniciado como periodista el año 51 en "La Crónica". Allí laboraba en la sección de locales y participaba en algunas ediciones especiales. Después pasé a la Dirección de Información de Palacio de Gobierno.

¿Quién era el presidente de la República cuando empiezas a trabajar en Palacio?
Manuel Prado. Pero cuando se fundó "Expreso" me llamaron para que trabajara en ese nuevo diario. Me dijeron que estaban buscando periodistas con diez años de experiencia o novatos para formarlos. Me pareció una aventura, pero me la jugué. Hablé con el doctor Encinas, el director, y este me dijo que me hiciera cargo de la sección policial porque quería cambiar "esas porquerías" que se estaban escribiendo en otros diarios. "Queremos hacer algo diferente", me recalcó.

¿Qué tan diferente?
Es que los abanderados en ese campo, el periodismo policial, eran "La Crónica" y "Última Hora". En "Expreso" querían hacer un periodismo serio, objetivo y no como el que hacían esos diarios que daban puras noticias sobre "polillas".
Pero no cabe duda de que eso vendía y ahora también vende.Sí, pero no era serio. Un día "Última Hora" 'mató' a Vides Mosquera (jugador del Club Deportivo Municipal). Sacó en su primera página: "Matan a Vides Mosquera en Colombia". Y claro, no era verdad.

¿Qué había pasado entonces?
Sus periodistas se dejaron llevar por rumores. Así se ejercía el periodismo policial en esos medios.

¿Y en "La Crónica" qué hacías?
Laboraba en locales, pero también incursioné en policiales cuando se presentaban grandes casos. En esas ocasiones me mandaban como ayudante. Cuando ocurrían esos grandes hechos noticiosos, todos entrábamos a tallar, desde el jefe de redacción hasta el último 'pinche'. Terminábamos haciendo una edición de choque.

¿Qué casos grandes recuerdas?
La muerte del 'Monstruo de Armendáriz', condenado por matar a un niño en Barranco. Yo ayudé cubriendo exteriores.

¿Quiénes eran los periodistas principales?
El 'Gato' Juan Marcoz Martínez, Luis Becerra --el 'Becerrita' de "Conversación en La Catedral"--. También Paco Denegri, quien era un actor de radioteatro, etc.

¿Allí conociste a Vargas Llosa?
Lo conocí el año 1952, cuando "La Crónica" estaba en la calle Pando, en el jirón Carabaya, cerca de la Plaza San Martín. Yo tenía 24 años. Me había alejado del diario varios meses por una operación al apéndice. Cuando regresé, en febrero del 52, encontré a un joven en locales. Era un chiquillo. "La Prensa" había revolucionado el periodismo, tenía gente joven. Cuando murió un periodista viejo en "La Crónica", especialista en caballos de paso, dijeron que en lugar de un veterano querían llamar a dos jóvenes. Así entramos Milton Von Hess y yo. Meses después entró Mario. Él tenía 15 años y no había terminado la secundaria en el Leoncio Prado.

¿Y cómo entró al periodismo?
Su papá lo recomendó ante el director de "La Crónica". Recuerdo que pronto nos hicimos amigos, Milton, yo, el 'Gato' y otros periodistas de policiales. Nos enfrascábamos en largas conversaciones nocturnas. Terminábamos a las doce de la noche y, como ya no había cine, lo único que nos quedaba era ir a las cantinas.

¿Fue así como el joven Mario se inició en la bohemia, con ustedes?
Así es. Un día llegó al diario su papá, que era gerente de la International News Services (una agencia de noticias que después se convirtió en la famosa UPI). Pidió hablar con el jefe de redacción, a quien le comentó, muy preocupado, que su hijo llegaba todos los días a las cinco de la mañana y que, para justificarse, le aseguraba que hacía guardia, que había estado trabajando, etc. El jefe le dijo: "No es así. Su hijo termina a las nueve de la noche, máximo a las diez. Lo que pasa es que se junta con todos esos muchachos, periodistas mayores, más cuajados y curtidos y se van a jaranear".

¿Tú y el 'Gato' Marcoz resultaron ser sus maestros de bohemia?
Es que no solo se reunía conmigo y con Marcoz. También con Milton y con los colegas de "Última Hora" que venían a "La Crónica" para conversar sobre diversos temas y, claro está, de las noticias del día.

¿Y después a dónde se iban a jaranear?
A veces a los burdeles y a veces a las cantinas. Una de ellas era la famosa La Catedral, que Mario inmortalizó en su novela.
Y el joven Mario pagaba el noviciado de muy buena gana.Mira, te voy a contar una situación. Nos íbamos a Huatica y, como Mario era un chiquillo, lo botamos. Pero él insistió y se metió en el carro con nosotros. "Yo también quiero ir", dijo y, bueno, nos fuimos todos. Después de ello, su papá lo sacó del periódico y lo mandó a Piura.

¿Ya no regresó al periódico?
Es que su papá estaba muy preocupado porque todos los días llegaba de madrugada a su casa. Cuando su padre conversó con el jefe de redacción, este le preguntó qué edad tenía Mario. El padre le respondió que 15. "Entonces sáquelo de aquí y hágalo estudiar, de lo contrario va a terminar como estos (se refería despectivamente a los periodistas bohemios de "La Crónica")".

¿Y durante esos tres meses cuántas noches bohemias se mandaron con el joven Mario? Un montón. Casi todos los días tomábamos. A partir de las nueve y media de la noche, en la redacción hacíamos colecta para comprar pisco y de allí, ya un poco picados, nos perdíamos. Mario era tranquilo, no era compulsivo y, al igual que nosotros, tomaba bien. A pesar de sus quince años no se comportaba como un novato, era muy observador. Pero fíjate cómo es la vida: de aquí se lo llevan a Piura y, estando en esa ciudad, un tío lo lleva al burdel La Casa Verde. De allí nace su famosa novela "La Casa Verde".

¿Después te has vuelto a encontrar con él?
Sí, en la época de Morales Bermúdez, nos volvimos a encontrar.

¿Él te llamó o tú lo buscaste?
Me llamó y nos juntamos con Félix 'Pollo' Dávila, el fotógrafo. Estuvimos conversando de literatura, novelas o de nuestras vidas. Éramos amigos y estuvimos recordando algunos pasajes de nuestra relación. Después ya nunca más lo he visto.

Él te menciona en "Conversación en La Catedral". En realidad, parece que te tiene un gran afecto.
Mira, los personajes que allí aparecen son 'Carlitos' (Carlos Ney), 'El gato' (Juan Marcoz), 'Becerrita' (Luis Becerra) y 'Milton' (Milton Von Hess)... Algunos periodistas han tergiversado ciertos hechos como ocurrió una vez en una revista que, felizmente, pocos leían. Recuerdo que La Catedral era una cantina que estaba en el puente del Ejército. Le decían así porque tenía una puerta grande, muy grande como de una iglesia. Estaba cerca de la imprenta Perú Helvética de "La Prensa". Era un huarique donde nos reuníamos los periodistas y, con nosotros, el adolescente Mario Vargas Llosa. Hablábamos de literatura, filosofía, poesía.

Pero supongo que esos eran los temas de Vargas Llosa y más bien ustedes trataban de llevarlo hacia temas más mundanos...
No. Lo que pasa que en esa época los periodistas eran muy cultos y alternaban con intelectuales y artistas. Conmigo conversaba mucho porque a mí me gustaba la literatura y también hacía poesía. Yo me inicié como poeta en "La Crónica".

¿Y lo que Vargas Llosa narra en su novela respecto a ustedes era verdad o le aumentó algo para inflar la noticia?
Era verdad. Por ejemplo, allí narra que 'Becerrita' andaba con una pistola y, efectivamente, así era. Lo que pasa es que Becerra era jefe de Policiales y siempre llevaba una pistola escondida. Se creía policía, tanto así que hasta se ponía un sombrero tipo detective y caminaba moviendo los hombros, todo matonesco. ENTREVISTA TOMADA DEL SUPLEMENTO DOMINICAL DE "EL COMERCIO"