Mostrando las entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

10 Palabras quechuas que lo usan en todo el mundo

by Taylor de la Cruz in 0

Resultado de imagen para palabras quechuas
Hay una gran cantidad de palabras quechuas que se usan en el español de cada día en países andinos como Perú, Bolivia, Chile, Argentina o Ecuador, pero lo que listaré a continuación son las 10 palabras de origen quechua con las que me he encontrado en mi día a día en los diferentes países NO-ANDINOS.--


Leer más »

Relato: Fundación de la Universidad Stanford, en memoria de un hijo del que Harvard no se interesó

by Taylor de la Cruz in 4

Una mujer en un desteñido vestido de algodón barato y su esposo, vestido con un raído traje, se bajaron del tren en Boston, y caminaron tímidamente sin tener una cita a la oficina de la secretaria de Presidente de la Universidad deHarvard.

La secretaria adivinó en un momento que esos venidos de los bosques, campesinos, no tenían nada que hacer en Harvard y probablemente no merecían estar en Cambridge.

'Desearíamos ver al presidente' dijo suavemente el hombre. 'El estará ocupado todo el día' barbotó la secretaria.

'Esperaremos' replicó la mujer.

Por horas la secretaria los ignoró, esperando que la pareja finalmente se desanimara y se fuera. Ellos no lo hicieron, y la secretaria vio aumentar su frustración y finalmente decidió interrumpir al presidente, aunque era una tarea que ella siempre esquivaba.

'Tal vez si usted conversa con ellos por unos minutos, se irán' le dijo. El hizo una mueca de desagrado y asintió. Alguien de su importancia obviamente no tenía el tiempo para ocuparse de ellos, y el detestaba los vestidos de algodón barato y los raídos trajes en la oficina de su secretaria.

El presidente, con el ceño adusto y con dignidad, se dirigió con paso arrogante hacia la pareja. La mujer le dijo 'Tuvimos un hijo que asistió a Harvard por solo un año. El amaba a Harvard. Era feliz aquí. Pero hará un año, murió en un accidente. Mi esposo y yo deseamos levantar un memorial para el, en alguna parte del campus' . El presidente no se interesó. El estaba en shock.

'Señora', dijo ásperamente, 'no podemos poner una estatua para cada persona que asista a Harvard y fallezca. Si lo hiciéramos, este lugar parecería un cementerio.' . 'Oh no', explicó la mujer rápidamente. 'No deseamos erigir una estatua. Pensamos que nos gustaría donar un edificio a Harvard'

El presidente entornó sus ojos. Echó una mirada al vestido de algodón barato y al traje raído, y entonces exclamó 'Un edificio! ¿Tienen alguna remota idea de cuanto cuesta un edificio? Hemos gastado más de siete millones y medio de dólares en los edificios aquí en Harvard!'

Por un momento la mujer quedó en silencio. El presidente estaba feliz. Tal vez se podría deshacer de ellos ahora. La mujer se volvió a su esposo y dijo suavemente '¿eso es todo lo que cuesta iniciar una universidad? ¿Por qué no iniciamos la nuestra?' Su esposo asintió. El rostro del presidente se oscureció en confusión y desconcierto. El Sr. Leland Stanford y su esposa se pararon y se fueron, viajando a Palo Alto, California donde establecieron la universidad que lleva su nombre, la Universidad Stanford , en memoria de un hijo del que Harvard no se interesó.

Usted puede fácilmente juzgar el carácter de los demás por la forma en que tratan a quienes piensan que no pueden hacer nada para ellos.

HISTORIA VERDADERA Por Malcolm Forbes

Mi hermana es una adicta al celular

by Taylor de la Cruz in 1


Mi hermana se ha vuelto una adicta al teléfono celular. Envía y recibe mensajes mientras chatea con sus amigos. Mientras va y regresa a la universidad. Mientras cena. Mientras mira televisión. Mientras va al baño. Mientras está en la clase. Casi todo tiempo lo utiliza.

La mensajean todo el tiempo. Escribe horas tras horas. Hay momentos en que la apodamos de todo pero igual ella se mofa y continúa en sus quehaceres con sus amigos a través de su celular.

Es increíble pero tiene suficiente experiencia que escribe mensajes tan rápido como cualquier taquígrafo profesional. En realidad no he visto mensajear a nadie como ella. Incluso, si me comparo yo escribo uno y ella por lo menos 5. Ha logrado dominar su celular, que mientras mira sus telenovelas escribe mensajes sin necesidad de ver su pequeño teclado.

Su móvil lo guarda en medio de sus bustos, pese a que la cultura popular dice que llevarlo en ese lugar produce cáncer. Pero eso nos despreocupa ya que más tiempo lo tiene en sus manos y sus orejas.

Al día escribe cientos de mensajes y solamente ella los lee. Dice que son privados. A veces tengo mucha curiosidad que a la medianoche antes de acostarme y mientras ella duerme en los brazos de morfeo, tomo su celular y abro sus mensajes, y vaya sorpresa hay por lo menos veinte o treinta por leer y obviamente por contestar. Si que debe ser trabajoso. Al menos para mí lo es. Porque me demoraría mucho tiempo.

Hace poco, mi hermana encontró un trabajo en un centro comercial. Y eso no le fue impedimento para recibir y enviar mensajes. Dice que al menor descuido de su jefe trata de responderlos. Lo hace tan rápido que cree nadie se da cuenta. Eso dice ella, pero ya ha recibido un jalón de orejas de sus superiores por su indisciplina. Antes de cumplir el mes regresó a la casa decepcionada porque asegura no le gustó el trabajo. Más bien yo creo que la despidieron por tener el maldito celular a la mano.

Dice que tiene amigos que le escriben de todas partes, que primero los conoce a través del mesengger y después la mensajean. Así ha ido acumulando decenas de amigos. Ella es feliz así.

Ayer huraton el celular a mi hermana. Que mala suerte la suya. Llegó desesperada a la casa. Lloró como cuando fallece algún ser querido. Al principio me alegré porque pensé que era una buena solución para dejar esa adicción. Pero no fue así.

Conforme pasaban los minutos su angustia y desesperación crecían. Se encerró en su habitación y comenzó a lloriquear. Y a maldecir a las personas que la sustrajeron el celular. Ante cualquier sonido de teléfono ella salía corriendo de su habitación pensando que habíamos recuperado el suyo. Pero no fue así.

Regresó a su habitación y se encerró otra vez. Se quedó en silencio. Pensamos que se había calmado. Sentimos alivio por fin. Horas más tarde, la buscamos para que cene y dura fue la sorpresa. Yacía en suelo, pues había sucumbido a su adicción al no poder resistir tanta ansiedad y se suicidó.

¿Pero cómo nace esta obsesión por los mensajes? Pues fácil, tiene un teléfono celular marca sony ericson que le permite enviar mensajes ilimitados todo el tiempo. Por eso a ella nunca le falta crédito para mensajes. Y Quizás eso haya contribuido a su adicción.

Ha llegado a decir que si lo perdiera ese celular no sabría qué hacer. Quizás lloraría como si fuese una pérdida de un hijo. Lo lleva en el seno, en la mano, en la oreja, lo conoce muy bien. Y es lo único de valor que tiene.

¡Me quedo como bloguero!

by Taylor de la Cruz in 1

En una época de mi vida ejercer el periodismo fue todo un reto para mi. Yo aún era estudiante y tenía la ilusión de trabajar en un medio de comunicación que ofreciera remuneración o por lo menos algún incentivo, pero me encontré con otra realidad.

A pesar de esa mala impresión, las ganas por escribir y publicar en cualquier periódico no me faltaban. Al fin al cabo todavía era estudiante.

El diario que elegí para mis primeros pininos periodísticos fue el diario La Industria, decano nacional de la prensa. Pensé que si no iba a recibir un pago por mis trabajos, por lo menos debería escoger al mejor diario de Trujillo, y así fue.

En ese entonces yo tenía las manos y el pensamiento inquietos, de modo que comencé a escribir crónicas y relatos para una sección juvenil de ese diario. Mi primera publicación ocupó tres cuartos de página, eso fue gratificante. Conforme pasaban los días los comentarios sobre mis textos incrementaban positivamente; me alentaron a seguir escribiendo.

Cada semana enviaba mis textos, hasta que un día dejaron de publicarlos, no me dieron ninguna explicación. A lo mejor mis crónicas y relatos comenzaron a aburrirles, quizás por su irrelevancia. Nunca lo supe.

En esa época comencé a acumular varios crónicas, relatos y reportajes que llevé a cabo durante las clases universitarias; sin embargo no tenía donde para publicar. Hasta que conocí gracias a un diario limeño el mundo de los blogs. ¿Qué es un blog? Es una página web personal que sirve de soporte para publicar todo tipo de información, así como también es un medio de conversación entre los internautas que visitan o tienen su blog.

Es así que en la actualidad el uso del blog se ha convertido en una extraordinaria herramienta de comunicación para comentar, informar o criticar sobre el acontecer social, político, económico o cultural.

Al encontrar esta posibilidad de tener mi propio espacio de comunicación en Internet no volví a tocar las puertas de periódicos o revistas locales por un largo tiempo. La verdad es que tenía mayor satisfacción personal al publicar en mi propio blog que en algún otro diario local, porque a mi bitácora no solo ingresaban lectores trujillanos, sino de otros países como Chile, México, Italia o España.

Desde entonces comencé a bloguear con mucha frecuencia. Conocí a mucha gente de diversos países, algunos profesionales y empresarios que en su oportunidad me contactaron para ofrecer asesoría relacionada a algún tema de mi blog.

Podría narrarles muchas anécdotas que me pasaron en estos dos años que llevo blogueando, pero me faltaría espacio. Desde luego la más importante fue un desencuentro virtual que tuve con la célebre periodista y modelo Jessica Tapia.

Un día abandoné la blogosfera para montar una empresa periodística con un amigo (Javier Diestra) que consistía en la producción de información local en Internet. Esto fue al acabar mi carrera profesional. Mi socio (Javier) y yo le teníamos mucha fe a este nuevo proyecto que emprendíamos, pues no requería de una mucha inversión, más bien sí de capital humano. Lamentablemente las empresas de Trujillo aún no apuestan al cien por ciento por anunciar en Internet, la empresa duró seis meses y quebró, más bien quedamos endeudados con la SUNAT.

Desde entonces hemos iniciado nuestra tesis para licenciarnos, luego ya veremos si retomamos la página Web local.

Hoy, estoy contento porque ya me falta poco para licenciarme de periodista. He comenzado mis trámites para trabajar y estudiar en España. Y he retomado mi rutina como bloguero. Tengo varios blogs sobre diversos temas. Y vaya que si se gana como bloguero.

Mi primera vez

by in , , 4


Acabo de cumplir 20 años y todavía no sé que es hacer el amor, un beso apasionado o una declaración de amor. Tal vez suene risible pero nunca me acosté con nadie. Quizás la razón sea porque soy extremadamente tímido.

Eventualmente he practicado frente al espejo muchas declaraciones de amor. He imaginado a chicas muy bellas, naturalmente fuera de mi alcance, como por ejemplo modelos o reinas de belleza que me escuchan atentamente a cada frase agradable.

Sin embargo, a la hora de la hora, cuando he tenido la oportunidad de acercarme a mujeres bellas, ellas me miraban tan desconcertadas, al extremo que yo perdía la concentración. Tantas veces mi timidez me ha traicionado que mis sentimientos se han desvanecido como la esencia de un perfume, y no he sabido qué hacer.

Durante los últimos años mi situación no ha cambiado en nada, esto me ha obligado a terminar con el sueño de expresarle mi amor a alguien, y más bien he decidido que, en vista de que a mi edad aún no he intentado explorar en terrenos sexuales, pronto tendría que debutar en un chongo o prostíbulo, de lo contrario me volvería loco. De modo que haré sexo, por primera vez, con una prostituta para satisfacer mis demonios sexuales.

Con alguna de ellas estoy seguro no me pondré nervioso, primero porque seré un desconocido, y segundo, le pagaré. A ella no tendré que hablarle de mis sentimientos. Por lo menos me tiene sin cuidado.
--------*--------
Bueno, ya no tendré que esperar más tiempo. Hoy es el día. Son las cuatro de la tarde, y voy en camino al burdel, acompañado de un caserito que no deja de hablarme sobre las furcias que hay allá. No sé si falta harto o poco para llegar pero ya tengo ansias.

A la distancia pude divisar unas luces de colores y le pregunté ingenuamente al caserito de mi amigo ¿Qué era ese lugar? El me respondió “El burdel pes sanazo”.

Ingresamos y comencé a ver muchas chicas en toples. Este lugar sí que es bueno, amplio y relativamente acogedor. Tiene dos comparticiones, en la primera hay mujeres veteranas, con mucho kilometraje. En cambio en la segunda, están las más asediadas: trigueñitas, morochitas, flaquitas, gorditas, en fin para todos los gustos.

Bueno, ya dimos muchas vueltas. Creo que debo escoger a una de las doncellas que se frotan sus posaderas en el filo de la puerta con una sensualidad torpe pero efectiva.
Llaman la atención con sus expresiones faciales, parece que devoraran a la distancia.

Las luces tenues hacen más oscuro el lugar. A mi parecer más interesante.

El perfume que utilizan es intenso, a ratos, insoportable. En muchos de los parroquianos quizás despierte sus deseos más íntimos, en mi caso no sucede lo mismo.

Después de merodear una decena de veces a cada una de estas chicas, y observar que a este lugar no sólo asisten jóvenes solteros y solitarios, sino casados, viudos, ancianos, y para no marginar minusválidos, me llamó la atención una charapita cuyo nombre era Rubí, preciosa como un diamante.

Tiene la piel trigueña, cabello rizado, labios finos y mirada seductora. A principio no cabía en mi cabecita, por qué esta belleza de mujer se dedicaba a este oficio sin beneficio moral. Era como una miss, reunía las condiciones para trabajar en cualquier oficio digno. Creo que se había convertido en víctima del señor dinero.

Entre mí, solo me decía “así es la vida”. Apenas había cerrado la la puerta y casi me abalancé encima de ella como un toro feroz. Pero me detuvo de facto.
-Págame- me dijo.
Le pagué y continuamos.

LA MÁQUINA

by in 0


Por Miguel Salazar García

"La verdad es que el único culpable de que ahora

esté pasando por una situación tan extrema

era yo mismo, por haber inventado

aquella bendita máquina del tiempo..."


Sucedió que de repente un ruido estruendoso nos sacó de nuestro escondite al que habíamos llegado huyendo del poderoso oso de anteojos, el cual parecía tener ahora menos oportunidad que nosotros de escapar al peligro que podría significar aquel ruido, que aun no podíamos identificar, pero que seguramente no sería nada bueno considerando la magnitud de aquello que aun no sabía que carajos era.

La verdad es que el único culpable de que ahora esté pasando por una situación tan extrema era yo mismo, por haber inventado aquella bendita máquina del tiempo; la cual me había traído a este lugar, y a esta época , pues no tenía ni la más mínima referencia. Ya que no se me ocurrió o no tomé en consideración algunos puntos antes de hacer este viaje como: saber un poco de historia, un poco de zoología, arqueología, etc., etc., sólo por la maldita necesidad de saber si es que esta máquina funcionaba de verdad.

Y ahora, aquí (quien sabe donde), espero que lo que causó este ruido espantoso y el oso ése, decidan seguir su camino y yo poder regresar a la máquina a hacer otro viaje a cualquier otra parte y que la suerte esta vez me sea más favorable.

Mi compañera fortuita me mira con mucha curiosidad, quien sabe lo que pueda estar pasando por esa mente, ¿hasta donde podrá llegar su capacidad de razonamiento?, ¿de qué estará llena su mente?. Seguramente me tiene menos miedo que al oso y a lo otro. Bueno, el oso no ha vuelto y lo otro espero que me siga siendo una incógnita.

Es hora de regresar a mi máquina, mientras los otros seres de este mundo se entretienen por otra parte. Camino hacia el lugar donde supongo debe estar mi invento. ¡que suerte!, sigue ahí, no sé porque pero, me resulta tan fácil la partida de este lugar al que hace unos minutos me parecía imposible el escape. Pero bueno, es hora de partir. Mi acompañante parece que quisiera acompañarme. Pero lo mejor será que me vaya cuánto antes ahora que puedo hacerlo.

Enciendo la máquina y espero que me lleve de vuelta a casa, pero quien sabe a donde me llevará esta vez.

ALEJANDRA, SIGUES SIENDO MI AMOR

by in , 1



" Hoy, tengo 90 años y hace 70 que frecuento

esta maldita laguna que me

quitó a mi único amor"

Recuerdo con mucha nostalgia aquella vez que con un grupo de amigos decidí enrumbar una nueva experiencia, partir a un empinado y misterioso cerro denominado Chochoconday. La hora de salida fue casi a las dos de la mañana, cuando el cielo yacía en plena oscuridad, como si estuviese ausente. Nosotros apenas tanteábamos el sinuoso camino.

Muchas historias se han tejido alrededor del Chochoconday. Algunas más fantásticas que otras, sin embargo ambas causaban hormiegueos y escalofríos. Quizás temíamos que pudiera sucedernos alguna tragedia pero ninguno de nosotros lo demostraba.

Decían que es un cerro maligno, voraz y resentido. Su aspecto no me parecía atemorizador; más bien, benigno e indefenso como para pasar un día de entretenimiento y placer. Inolvidable.

A unos metros de la cima, existía una inmensa laguna donde parecía abarcar todo el cielo azul. En su centro había una pequeña isla y allí se levantaba una importante capilla, como de un dios omnipotente. Se veía muy lejano. Desde allí aseguraban muchos lugareños, emerge una misteriosa princesa en cuyo cuello penden unos hermosos brillantes de oro que hipnotizan cualquier mirada. Dicen que luce un vestido frondoso como de princesa de hadas. Además detallaban su impresionante belleza al extremo de atraer a hombres y mujeres para llevarlas con ella a las entrañas de esa enorme laguna.

Yo tenía mucha curiosidad por saber si era cierto todo lo que decían. Pero tampoco por mi curiosidad quería quedarme toda la eternidad en ese oscuro mundo de truchas y anfibios. En realidad no creía nada de lo que afirmaban, más bien estaba convencido de que eran tan solo mitos de nuestros ancestros que para darse algunas respuestas a sus interrogantes, las inventaban para tranquilizarse.

Mejor olvidé todos eso misterios y seguimos hacía adelante, hasta la cima. A duras penas arribamos el majestuoso lugar, un ambiente poblado de neblina, casi no se veía la totalidad de la laguna, pero era inmensa. Sentía un clima frío, a la vez atrayente. Al encumbrar sentiamos un poco de calor, todos teníamos la sensación de querer bañarnos, pero el miedo nos invadía de no poder salir de ella.

Nuestro agotamiento era evidente, casi cuatro horas de trajín, lo bueno es que descansamos a unos metros de la orilla, donde habían unas chullpas planas y poder sentarnos.

Después jugamos un partido de fulbito mixto. Alejandra, de talla bajita, pelo rizado y ojos de capulí era la mujer que siempre soñé. Ella jugó en el equipo contrario y cada vez que nos enfrentábamos yo me dejaba quitar el balón, era solo para darle el gusto y elevar su autoestima futbolística. Después de esta aventura había pensado declararle todo mi amor, todos mis sentimientos, mientras tanto no.

Al promediar las 12 del medio día sacamos de nuestras mochilas el fiambre y degustamos suculentos platos típicos como el cuy frito, propio de la zona; y el saladito jamón de puerco.

Más tarde, los vientos nos azotaban como a esclavos romanos, y cada vez eran más intensos, como si nos estuviera advirtiendo de un trágico presagio; creo que entendimos el mensaje, pues a las 4 y 30 de la tarde emprendimos el regreso. Alistamos nuestros equipajes y comenzamos a descender. Todo estaba bien. De pronto busqué a Alejandra para ayudarla con su mochila y comenzar a afanarla hasta llegar a la casa, pero ya no había. Pregunté a todos y nadie sabía nada. Regresé inmediatamente a la laguna y observé a la distancia que ella se acercaba más y más a la orilla. Por un momento pensé que se había equivocado el camino de retorno.

La veía como hipnotizada. Cada paso que daba la sentía más distante. La llamaba, gritaba, silvaba, sin embargo, más avanzaba hacia el centro de la laguna. Yo quería acercarme y hacerla reaccionar, pero me detuvieron de manos y pies, ella ya estaba encantada, eso me detuvo. Era otra. Nunca dio vuelta a mirarnos. Alejandra, la que iba a ser mi futura esposa, a la que había esperado tanto tiempo para este momento se me escapaba de las manos. Me la quitaba las entrañas de esta laguna. En esos momentos el cielo tronaba tan fuerte como si fuese a caerse. Comenzó llover toscamente y la laguna se embravecía cada vez más cuando la llamaba a mi Alejandra.

Te odio y te maldigo grité impotentemente, llévame contigo para estar al lado de mi Alejandra. Llévame, la suplicaba. Nunca me llevó. Han pasado los días, los meses, los años, casi 70 y nunca me lo devolvió ni por compasión. Hoy, tengo 90 años y hace 70 que frecuento esta maldita laguna que me quitó a mi único amor. Cada año que arribo le canto a mi amada, la veo chapalear alrededor de aquella isla. Pero yace encantada. La contemplo hermosa como siempre. Pero no puedo llevármela.

UN VIAJE A LOMO DE YEGUA

by in , 6

Foto: cortesía de transportesamaro.com
Cuando yo era niño me gustaba hacer largas caminatas, escalar cerros empinados y recorrer los ríos profundos que había en aquel pueblo lejano.

Estas aventuras las hacía con mi familia durante la madrugada, momentos cuando la luna resplandecía, y los perros todavía dormían en su lecho; otras oportunidades, después de las 8 de la mañana, cuando apenas el sol asomaba detrás de la cordillera, destino al que nos dirigíamos.

Los recuerdos más emotivos son aquellas mañanas, en las que Chayito, una prima mía, alegre y encantadora aparecía repentinamente en mi cama y me llamaba al oído:
– Lobelto…! Lobelto despierta..!, vamos a Chiyacanday a comel cañas y a cashal palomitas...

Yo apenas escuchaba “cazar palomitas” y me emocionaba profundamente, aunque sabía que era estrategia de la tía Elena para llevarme a sus fundos y hacerme trabajar gratis. Eso no me importaba, yo quería aventuras como don Quijote, el personaje de Cervantes. Me levantaba presuroso de la cama y acomodaba mi fiambre. Llenaba mi alforja con bastante pan, despues me despedía de mamá. A las 8 de la mañana comenzábamos la caminata. A pocos metros de la casa comenzabamos a subir el estrecho camino de herradura. Pero antes me encomendaba a San Judas. A decir verdad yo era muy creyente.

Cada cierto tramo durante la cuesta nos deteníamos para descansar, en especial yo, porque mi prima la Chayito ni una gota de sudor siquiera despedía, pues se desplazaba a lomo de bestia, yo era el único que sudaba la gota gorda.

Después de todo había cosas rescatables, por ejemplo nos sentábamos sobre cualquier madero, a la mitad del cerro y saciábamos nuestro apetito interior, observando el amplio paisaje natural que se extendía alrededor de aquel pueblo lejano. La verde vegetación la embellecía, parecía un cuadro de arte. Además podíamos divisar la casa de mamá y la de mi abuela. En realidad me invadía una alegría inmensa.

Más arriba, a escasos minutos de llegar al tan esperando fundo, teníamos que pasar por el cementerio del caserío Chillacanday. Debo ser franco nunca me agradó acercarme a estos lugares misteriosos. Antes de cruzar el cementerio yo siempre me agarraba de la mano de la tía Elena y evitaba respirar ese ambiente fúnebre, a muerto.

Al finalizar el cementerio, comenzaban las tierras del fundo. Los peones sabían con anticipación que llegaríamos con los pollinos de carga para las cosechas de maíz. Estos hombres poco agraciados, de muelas amarillas y rostros demacrados, tenían la costumbre de concentrar energías antes de realizar la tarea. Extendían la coca sobre sus muslos y escogían las hojas más grandes. En cuestión de minutos el jugo verdoso de la coca se les escurría por los labios. Les hacía muy fuertes. Machos. Parecía que otra vez se les devolvía la juventud a estos añosos hombres.

Mientras tanto, Chayito y yo saltábamos y corríamos esas laderas como dos cabritos inquietos. El monte era nuestro refugio. Nos escondíamos detrás de unas hojas grandes para cazar palomitas, pero nunca encontramos un nido o algún pinchón herido siquiera. Volvíamos a la hacienda plagados de tristeza.

Al cabo de las 5 de la tarde los peones cargaban el maíz de la cosecha sobre los pollinos y emprendíamos el retorno a la ciudad. A las 6 y 30 de la tarde, oscureciendo, bajábamos el camino sinuoso a filo de montaña. Esta vez yo iba a bordo de la yegua. Desde el lomo miraba hacia abajo y era un abismo, en las faldas discurría un río caudaloso. “Un resbalón y no salgo vivo de esta”, pensaba. Mejor me bajo de la yegua cavilé. En esos momentos cuando iba a pedirle a uno de los peones que me bajase de la yegua, ésta resbaló repentimante hacia el abismo y caí primero a la ladera. Rodé y rodé, daba vueltas, volantines, cerré mis ojos mejor, porque la tierra se movía ligeramente. Escuché algunas voces de la Chayito, de la tía, de los peones, recordé los bonitos momentos que pasamos juntos. Todo en un minuto. Dicen que caí al río, justo en un pozo medianamente profundo. Me encontraron después de 10 minutos en el fondo de éste, casi muerto. Ya no respiraba.

Cuando desperté ya habían pasado varios días. Dicen que estuve en estado de coma. Yo solo recuerdo que rodaba hacia el río, la tierra giraba conmigo, hasta que un fuerte golpe me di en la cabeza. Nada más. Después yacía en mi cama con el cuerpo lastimado como si me hubieran torturado con un palo.

Durante las noches, cuando, supuestamente todos dormíamos, yo no podía, me producía dolor y nostalgia. Duraba horas despierto hasta pegar las pestañas.
El tiempo me ha ayudado a olvidar esta situación poco agradable. Ahora es un recuero lejano, les cuento por si acaso algún día se me olvide y pase la página.

LO QUE LA VIOLENCIA SE LLEVÓ

by in , 1


6.30 de la tarde y ya todo el plan estaba preparado para que un grupo de rebeldes izquierdistas volara en pedazos la central hidroeléctrica de Guayunga. La gente cercana escuchó la explosión, simultáneamente la ciudad quedó en completa oscuridad. El estruendoso ruido causó pánico. Los pobladores ante este hecho se apresuraron a regresar a sus domicilios en plena oscuridad. La luna permanecía oculta, como cómplice de este repudiable acto.

Minutos mas tarde, un grupo de senderistas emprendían desde el cerro Guayunga- sitio donde acababa de explotar la central hidroeléctrica- cuesta abajo con dirección al pueblo. Estos facinerosos encubiertos se habían armado hasta los dientes de pura munición. No le temían a nadie.

A las 7 de la noche el pueblo, junto con los pocos policías temblaba de miedo. El grupo de izquierdistas hacían de la suya mientras predominaba el silencio y la oscuridad. Causaban violencia, amenazaban y se retiraban airosos. Eran los dueños de la noche. Nadie, ni la policía nacional podía controlarlos.

Mientras avanzaban a paso tendido a la luz de sus linternas, a pocos metros, quizás 200, un grupo de jóvenes conversaban amenamente en la berma de la casa de una de las abuelas de jóvenes. Hablaban de una fiesta patronal, decían que de regreso a casa un camión de pasajeros se había desbarrancado. Los resultados de esta volcadura una veintena de heridos. Fue en ese momento que uno de los muchachos puso atención a los pronunciados pasos de estos feroces hombres.

Intentaron esconderse para curiosear quienes eran aquellas personas que se aproximaban tan misteriosamente con sus linternas apagadas. Pero ya era tarde. Todos los chicos, hasta un niño que intentaba cazar una luciérnaga para alumbrarse, fueron acorralados y amenazados de muerte si no cooperaban. Eran unos hombres de negro, con enormes botas y pasamontañas, apenas los ojos se dejaban ver.

El niño de nueve años se asustó e intentó ingresar a la casa para dar aviso a sus padres. Pero alguien ya estaba en la puerta apuntándole con un arma en la cabeza. En escasos minutos les tenían a todos desde el padre hasta el menor de la familia pegados en la pared, con las manos en la nuca.

Las manos del pequeño le temblaban como aquel que sufre el mal de parkinson, su dentadura rechinaba entre si, y sus lágrimas chorreaban a borbotones. Instantes después, todos yacían en el piso, boca abajo, Mientras tanto, estos hombres que había explotado la planta eléctrica minutos antes, llenaban provisiones de la pequeña bodega de la abuela.

Al escapar se llevaron al pequeño niño para que no den parte a la policía de lo ocurrido y todo quede impune. El niño preguntaba y repregunta a qué lugar le llevaban. Sólo atinaban a decirle que no mencione, por ningún motivo, en qué dirección escaparon, porque regresarían y le cortarían la lengua para que jamás hablase.

El niño los creyó y prometió no abrir la boca. Regresó a casa, le abrazaron sus padres y hermanos. Recién decidieron dar parte a las autoridades policiales. Éstos le preguntaron en qué dirección escaparon, el niño no decía nada. Mantenía firme su promesa. Pero más temía a que le cortasen la lengua.

Han pasado 15 años y sigue siendo el niño de nueve. Tiene el cuerpo de un adolescente y la mente de un niño. Su desarrollo emocional y mental se truncó en aquel atraco. Sufre un trauma que hasta la actualidad no lo ha superado. Estos feroces hombres armados también se habían robado una parte del niño.

RECUERDOS DE LIMA

by in , , 1


De pronto desperté aquél otoño en medio de una ciudad gris. Mi primera impresión: una ciudad congestionada de vehículos con ruidosos cláxones, que de no ser por la compañía de Linda, hubiera regresado inmediatamente a Trujillo.

Me refiero a Lima, la "Ciudad de los Reyes", o mejor, como le llamaría Sebastián Salazar Bondy: “Lima la horrible”. Como gusten llamarla. Antes, de Lima sólo había escuchado fugazmente, quizás había leído en algún libro de literatura o historia, pero aquella vez de otoño, por primera vez pude percibir el smog de las grandes fábricas, el polvo de los arenales, el hambre de los miles de mendigos y el perfume tenue de aquellos tiempos de la “Perricholi”. Caminé de la mano de mi enamorada Linda. Estuve en Ventanilla, un distrito cuya población pide a gritos: trabajo, inversión, educación y salud… Caminar por esos cerros arenosos me ayudó a comprender la situación en la que vive un grueso de pobladores migrantes del campo a la capital.

También me desplacé por el distrito de Comas, cuyos habitantes cuentan con mayores ingresos económicos, en relación con los de Ventanilla. Sus calles son asfaltadas, tienen servicios básicos y por lo menos reciben un sueldo digno…

En el Centro Histórico paseamos, durante casi dos horas. Las casonas coloniales, sus terminados arquitectónicos, me impactaron sobremanera.

Al caer el sol, Linda observó, desde la Plaza Mayor, el cerro San Cristóbal. De pronto su expresión en su rostro cambió. Un poco misteriosa, sin darme explicaciones, me jaló de la mano y me dijo: “abordemos aquel microbús”.

Acomodados en el vehículo, éste empezó a rodar al instante, como si únicamente a nosotros nos hubiera estado esperando. Mientras tanto una mujer de aspecto enjuto, rubia y joven, empezó a afinar su voz como si fuese a cantar. -Señores turistas- comenzó saludando, y empezó a explicarnos, sobre Lima, importantes acontecimientos de su creación, desde la llegada de Francisco Pizarro hace más de 400 años, hasta la época de la Perricholi.

Precisamente de esta última mujer me acuerdo más, porque nos narró una historia poco común, que sólo sucede en la ficción. Un virrey se enamora de una nativa provinciana. No era para menos la “Perricholi” tenía su encanto.

Según nuestra guía, el virrey, desde la primera vez que la vio, quedó prendado de su belleza, hasta que empezó a cortejarla. Un día el virrey le propuso matrimonio, pero la “Perricholi”, astuta, le pidió un imposible: “El día que coloques a la Luna bajo mis pies, ese día seré suya”, le indicó pensando que era imposible.

Sin embargo para el virrey no había imposibles. Empezó a preguntarse una y otra vez cómo demostrarle que sí es posible bajarse a la Luna. Tanto darle vueltas al asunto, se le ocurrió una idea excelente. Sólo tuvo que esperar la puesta del Sol y empiece a resplandecer la Luna para demostrar a su mozuela que efectivamente la Luna se ubicaba bajo sus pies.

Desde el segundo piso de su antigua casona, le dijo mirándola a los ojos y estrechando sus manos: “Me habiaís pedido traerme a la Luna bajos tus pies, pues ahí lo tienes, señalando el reflejo nítido de la luna en la piscina de su patio” Poco tiempo después se convertirían en amantes…

La guía de turismo continuaba explicando, pero el autobús arribó a la cima del cerro. Al pie de la cruz. Todos bajamos. ¿Cuál era la sorpresa? Le pregunté a Linda, bajando del “microbús”. Eso me dijo, señalando el panorama nocturno de Lima, una ciudad de colores cuyas tonalidades distinguían a cada distrito formando figuras amorfas. Miramos a los cuatro puntos cardinales, era una contemplación profunda a la belleza nocturna urbana.


De retorno a Trujillo divisé por última vez aquel cielo gris y triste de la capital. Y nuevamente volví a cerrar los ojos hasta llegar a Trujillo.

MAÑANA TE CUENTO EL RELATO

by in 1


Llevo dos horas con los brazos sobre mi escritorio y no sé que mierda escribir. Juego con el lapicero, le doy vueltas como una hélice, lo llevo a mi boca, lo muerdo y punteo la hoja en blanco. De pronto se me ocurren muchas historias pero, creo, ninguno merecen ser escritos.

Apenas empiezo a escribir dos líneas y arrugo la hoja, pienso que mi relato no les va a interesar. Medito un rato se me ocurre una historia, ésta sí es interesante, pero a mitad de relato acabo vulgarizándolo con vocablos soeces y estridentes.

Otra vez arrugo el papel y empiezo a escribir en otra hoja.
Busco concentrarme una y otra vez, pero los caprichosos zancudos merodean a mi alrededor. Me molestan cada vez que se posan en mis brazos y en mi rostro. Pero no importa sigo escribiendo, bajo la luz gris en medio de una brisa cálida.

Al frente mío se ubica mi estante de libros. De donde en cada momento presiento que alguien me observa, quizás sean los fantasmas de cada escritor que descansa desde hace ya buen tiempo en medio de las polvorientas páginas.

Mientras tanto, sigo escribiendo pausadamente, borro frases, párrafos, retomo la escritura y ya lo estoy dando forma a la historia.


Es la historia de un amigo que un día quedó huérfano de padre y madre. Solo, desamparado quedó en este mundo. Mundo tan cruel que golpea a cachetadas a los jóvenes que intentan alargar el paso y ganarle a la pobreza.

“Juancho” así se llama mi amigo, emigró a la capital tan pronto quedó solo. Trajinó día y noche en busca de cobijo. Se humilló. Mendigó. Lloró frente a la perversidad. No obstante mantenía una luz de esperanza de querer sobresalir y a no declinar en momentos en que el mundo le daba la espalda.

Hoy en día es un próspero trabajador que se ha ganado el respeto y la confianza de una empresa exportadora de textiles. Pronto montará su propia empresa, también de textiles.

Creo que es una buena historia de superación personal, un ejemplo a seguir. Es una historia interesante que en otro post detallaré.

La verdad es que han pasado las horas sin darme cuenta. Observo mi reloj son las cinco de la mañana. Esta noche siento que no he escrito nada. Sólo intentos de relatos y narraciones que acabaron arrugados en la papelera.

Apago la luz de mi sala y camino en medio de la oscuridad, tanteando el piso y calculando la distancia de mi recamara. Con mi ropa puesta me lanzo sobre la cama, con las manos abiertas, como esperando que el sueño venga a mi encuentro. Hasta mañana.

LA DIFERENCIA(*)

by in , 3


Su nombre era Rosa Torres. Mientras estuvo al frente de su clase de quinto grado, el primer día lo iniciaba diciendo a los niños una mentira.

Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque en la primera fila, desparramado sobre su asiento estaba un niño llamado: Tomás López.

La profesora Torres había observado a Tomás desde el año anterior y había notado que él no jugaba muy bien con otros; su ropa estaba muy descuidada y necesitaba darse un buen baño.

Tomás comenzaba a ser un tanto desagradable. Había Llegado el momento en que la señorita Torres disfrutaba al marcar los trabajos de Tomás con un plumón rojo. Haciendo una gran aspa y colocando un cero muy llamativo en la parte superior de sus tareas.

Poco tiempo después, en la escuela donde la profesora Torres enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño. Ella dejó el expediente de Tomás para el final.

Cuando le tocó revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa. La profesora de primer grado había escrito: “Tomás es un niño brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales... es un placer tenerlo cerca”.

Su profesora de segundo grado escribió: “Tomás es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se le nota preocupado, porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil”.

La profesora de tercer grado escribió: “Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. Tomás trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará si no toma ciertas medidas”.

Su profesora de cuarto grado escribió: Tomás se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela, no tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase”.
Ahora la señorita Torres se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos les llevaron sus regalos de navidad envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Tomás. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había tomado de una bolsa de papel.

A la Señorita Torres le dio pánico abrir ese regalo en medio de los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír, cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido. Ella detuvo las burlas de los niños al reclamar lo precioso que era el brazalete mientras se la probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.
Tomás López se quedó ese día hasta el final de la clase el tiempo suficiente para decir: “Señorita Torres, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá”.

Después de que el niño se fue, ella lloró por lo menos una hora.
Desde ese día ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir. En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. La señorita Torres puso atención especial en Tomás. Conforme comenzó a trabajar con él su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba él respondía más rápido. Para el final del ciclo escolar Tomás se había convertido en uno de los niños más aplicado de la clase y a pesar d su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Tomás se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.

Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Tomás, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Cuatro años después por las mismas fechas, recibió otra nota de Tomás, ahora escribía diciéndole que había terminado la secundaria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cinco años después, recibió otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas fueran muy duras, se mantuvo en la universidad y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a la señorita Torres que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y su favorita.
Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Tomás F. López, Congresista de la República.

Después de un tiempo la señorita Torres volvió a recibir otra carta de Tomás, en la cual le decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse. Le explicaba que su padre había muerto hacía un par de años, y le preguntaba a la señorita Torres si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto la señorita Torres aceptó. El día de la boda ella llegó luciendo el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Tomás recordaba que usó su madre la última navidad, que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Doctor López le susurró al oído: “Gracias señorita Torres por creer en mí, muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia”.

La señorita Torres, con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo: “Tomás te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mi que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar hasta que te c onocí”

(*)Reflexión tomada de la Revista "La voz de la Calle", Nº 13

QUIRUVILCA: PUEBLO DE HISTORIAS Y LEYENDAS

by in , , , 5


Dicen que el “Muki” existe y vive en los socavones de Quiruvilca. Es el guardián de la plata, el cobre y el bronce. Es muchas veces amigo y otras, enemigo de los humildes mineros. A través de sus pactos uno puede vivir en medio de la fortuna, o en todo caso en medio del infortunio. Esto depende si lo abordas cuando el “Muki” está de buen humor, o con humor de los mil demonios, eso dicen los mineros.

Dicen que es pequeño y jorobado, de piernas cortas y delgadas, de ojos grandes y redondos.

Lleva en la cabeza una linterna que alumbra sus pasos y advierte su presencia.

La mina es tan vieja como el pueblo, y el “Muki” es tan viejo como la mina”. Lo que dicen del “Muqui” se transmite de generación en generación. Perdura en la memoria de los más pequeños y de los más viejos quiruvilcanos.

Ya todos saben que anda solo, de qué se alimenta y dónde se cobija. Los mineros cada vez que se cruzan atisban de reojo y se pasan de largo. No le dicen nada, porque si lo encuentran de mal humor, con una cachetada los haría ver estrellitas y probable no regresen de ese mundo de estrellitas y angelitos.

Tal vez por eso nadie se atreve a pactar con el “Muki”, por el miedo a las cachetadas, o porque les puede ofrecer toda una vida de infortunio, de desgracias, quizás hasta la muerte. ¿Pero si está de buen humor y les ofrece fortuna y felicidad? ¿Cómo saber su estado de ánimo? Nadie lo sabe.

El domingo pasado, don Hermeregildo, viejo regañón e incrédulo, que dice no existe el famoso “Muki”, ingresó a trabajar a la mina. Se colocó su casco amarillo, su sacón fosforescente, y sus grandes botas de jebe.

Empezó a picotear la tierra, de pronto observó que el socavón se aclaraba, escuchó unos pasos finos, como de niño. Pensó que de repente era su hijo, dejó de picar el suelo y puso atención a los ruidos generados por los zapatos. Pero en tanto don Hermenegildo dejó de picar la tierra, también aquél misterioso ruido dejó de moverse. Pero el brillo dorado alumbraba notoriamente, era distinta a la de don Hermeregildo.

En ese momento llamó dos veces a su hijo. La tercera, gritó. No respondía. Se empezó a alarmar sobremanera, de su frente chorreaba sudor, sus manos habían mojado el mango del pico, seguramente era causa del miedo, qué otra cosa más se puede pensar, ¿por el trabajo? Si recién había dado 10 o 15 picotazos al suelo. A ver pues diga que no existe el “Muki”

En breves minutos, cuando don Hermeregildo se emprendía a investigar quién se ocultaba detrás de ese muro. Aquel resplandor de luz se adelantó y dio el primer paso. Se le acercó tan cerca que el potente brillo de la linterna del “Muki” no le permitía ver detalladamente.

Alcanzó a dar dos vueltas a su alrededor y empezó a disertar, le confirmó que era el guardián de aquella mina. Y que no permitía que lo molestasen los domingos, porque ese día era el único día que podía descansar cómodamente: sin ruidos y sin gritos de gente. Enfadado le advirtió que por ningún motivo nadie debe acercarse por los socavones ese día. Y Por haberle despertado le castigó pidiéndole sus más preciados becerritos como ofrenda, durante una semana, uno diariamente. “Pero señor-- le increpó don Hermeregildo, yo sólo tengo tres becerritos. Soy pobre, además tengo una familia que mantener, cuatro hijas”
“¡Silencio…! No me tienes que objetar”- se enfureció más ‘el Muki’- acata las órdenes y punto viejo renegón”. Tú vendrás a ofrecerme diariamente un becerro y como recompensa tendrás vida eterna. De lo contrario me veré obligado a dejarte en el infierno toda la eternidad.

Don Hermeregildo, dejó su pico, y salió como alma que lleva el diablo. Al llegar a su casa le contó a su esposa al detalle. Pero don Hermeregildo no creía en esas cosas. Pensó que quizás era un sueño de mal gusto. No hizo caso. Dejó pasar una semana y nunca llevó la ofrenda al malvado “Muki”. Su esposa que era 20 años más joven que el viejo setentón, intentaba convencerlo todos los días. Ella sí creía en el pacto, y tenía miedo a perderlo para siempre.

“No te preocupes mujer, no me va a pasar nada”, le decía. Parecía estar tranquilo, despreocupado. Pero tenía miedo. Empezó a temer a la oscuridad, a los rincones grises. Por eso no regresó durante esa semana a la mina. Prefería ir a la cantina a tomar alcohol con sus amigos y a contarles que él sí lo había visto al “Muki”. Muchos le preguntaban si tendría vida eterna, o tal vez fortuna eterna. “Nada de eso”, les decía.

Tal vez si el “Muki” hubiese estado de buen humor, si no lo hubiesen despertado esos picotazos que apuntaba en el suelo el viejo Hermeregildo, otra hubiese sido la historia. Quizás el más rico del pueblo, o el más rico del mundo.

Pero estuvo de mal humor. Más aún no hizo caso a su pedido. El “Muki” se enfureció. Durante la semana, a media noche hacía temblar el cerro, removía los cimientos, todo el pueblo se alarmaba. El último día de plazo don Hermeregildo ya no era bien visto en el pueblo, todos sabían que había pactado con el “Muki”, pero nadie sabía que clase de pacto. Pensaban que eso era el motivo de los fuertes remezones.

El domingo, último día del pacto, a media noche muchos pobladores juraron verlo a don Hermeregildo deambulando por las calles, pero esta vez estaba bien vestido, de saco y de corbata. Todos se extrañaban. “Seguro es un regalo del Muki”, murmuraban.

Panchito de 12 años, el hijo “shulca” de don Hermeregildo salió de su dormitorio en la madrugada a orinar y se chocó con su padre en el corredor de la casa, pasó de frente, y no le dijo nada, sólo sintió una fuerte energía que rozaba su delicado rostro. Panchito regresó a su cama pero de reojo volteó a ver a su padre, ahí estaba roncando como los chanchos. Pero ya no había esa lujosa ropa que vestía. ¡Qué extraño!—se admiraba—
¿Adónde habrá salido vestido así?

Al día siguiente don Hermeregildo, amaneció distinto. Más cariñoso con sus hijos, con su esposa, y con ganas de volver a trabajar. Habían pasado una semana desde que vio al “Muki” y no había pasado nada. Seguía vivito y coleando. Se despidió de todos, como si nunca fuera a regresar y de broma les dijo a sus hijos, “hijos míos nunca vayan a trabajar los domingos a la mina porque va a encontrarse con “Muki”, el “Muki” es malo.

Agarró su pico y se dirigió nuevamente a la mina. En el camino los alcanzó a sus compañeros de trabajo, se saludaron y continuaron. Al llegar a la boca del socavón, don Hermeregildo sintió escalofríos, se detuvo un momento y siguió la huella de los rieles. El resto de mineros continuaron adelante mina adentro. De pronto se escuchó un ruido estridente que salía de la mina y se expandía por todo el cerro de Quiruvilca. La mina había colapsado. Pero sólo uno ha muerto.

Se había cumplido el pacto del “Muki”. Se robó el alma de don Hermeregildo y lo llevará por el purgatorio y el infierno. El resto quedó atrapado por unas horas y salieron ilesos de ese trágico derrumbe.

DOS MAESTROS DEL PERIODISMO

by in , , 2

Hoy es el día del periodista (1º de octubre). Quiero saludar al patriarca del periodismo nacional, don Manuel Jesús Orbegozo, otuzcano de nacimiento, y orgullo liberteño. Tiene una admirable carrera periodística que se traduce en más de 50 años, informando y formando a la sociedad peruana. También saludo a otros connotados periodistas de los diferentes medios de comunicación del país, que no mensiono su nombre por temor olvidarme de alguno de ellos.

Pero de quien no puedo olvidarme es del más grande periodista latinoamericano, el maestro de las entrevistas y del periodismo narrativo, don Gabriel García Márquez.En esta oportunidad haré mención a su obra periodística “Relato de un Naufrago” que a decir del mismo Gabo, la publicación “causó un cierto revuelo en el país (Colombia)” por tratarse de una noticia que implicaba en actos ilegales al mismo gobierno del dictador Gustavo Rojas Pinilla (año 1955).

“Relato de un Naufrago” narra la historia de 08 tripulante marineros colombianos que durante una tempestad el destructor “Caldas” naufragó quedando sólo un sobreviviente: Luis Alejandro Velasco, que padeció - en una balsa - hambre, amenazas de tiburones y fuertes cachetadas de los vientos marinos, pero nunca claudicó; día a día le brillaba una luz de esperanza cada vez que divisaba en su imaginación aquel litoral colombiano que distaba a cientos de kilómetros.

Una semana después apareció nadando en la playa desierta del norte de Colombia. A los pocos días fue declarado héroe nacional. Las empresas lo convirtieron en un producto publicitario, se dedicó a hacer comerciales de relojes y de zapatos. Hasta esos momentos todo parecía ir bien.
El gobierno lo utilizaba como objeto para su campaña política y las empresas para promocionar sus productos.Fue en ese momento que entra a tallar el maestro Gabo, cuando Luis Alejandro Velasco, el naufrago, se dirige al periódico "El Espectador" para ofrecer la historia y sacar provecho económico.

En realidad la noticia estaba trillada, todo el mundo ya lo sabía a través de los diarios oficialistas, pero aún se escondía una gran verdad que sólo el mago de la palabra sacaría a la luz. Una Historia contada en 14 capítulos, que durante catorce días mantuvo en suspenso a toda Colombia hasta el final del relato.

Su primera sorpresa de Gabo al realizar la primera sesión de entrevistas al único sobreviviente del aquel trágico naufragio, era su excepcional arte de narrar, su capacidad de síntesis y su memoria asombrosa. Fueron 20 sesiones de 6 horas diarias, durante las cuales, Gabo, tomaba notas y soltaba preguntas tramposas para detectar sus contradicciones.

La segunda sorpresa la tuvo al cuarto día de la sesión. Gabo le pidió que le narrara aquella tormenta que acabó con el naufragio del destructor “Caldas" y la muerte de 7 marineros colombianos. Luis Alejandro le respondió “es que no había tormenta”. ¡Oh sorpresa…! Nadie lo sabía hasta ese momento. Era como un secreto de estado.

Era una verdad nunca publicada hasta entonces, la nave jamás había sido derribada por tormentas como inicialmente les hizo creer el gobierno colombiano de Gustavo Rojas Pinilla, sino por el sobrepeso, porque transportaban contrabando desde Estados Unidos hasta Colombia, y estaban implicados los miembros de las más altas esferas militares de ese gobierno. Esa revelación implicaba tres faltas enormes: la primera, estaba prohibido transportar carga en un destructor; segundo, fue a causa del sobre peso que la nave no pudo maniobrar para rescatar a los náufragos; y tercero, era carga de contrabando (neveras, televisores, lavadoras).

Márquez reveló tremenda noticia y el gobierno militar no demoró mucho tiempo para desacreditar tal afirmación. El marinero fue destituido del ejército y perdió su estatuto de héroe, mientras Gabriel García Márquez fue condenado al exilio. Vagando por Europa, se convirtió en uno de los principales escritores latinoamericanos del siglo XX, y uno de los más renombrados periodistas latinoamericanos. Feliz día del periodista maestro Gabo.

Fuentes:Relato de un Náufrago, 1970- Editorial: La Oveja Negrahttp://www.vub.ac.be/khnb/itv/oktober/feb00/sp00-02.htmhttp://sepiensa.org.mx/contenidos/s_relato/relato_1.htm

EL NÉCTAR SAGRADO DE LOS INCAS

by in , 4


La "chicha de jora" fue el néctar sagrado de los incas. La bebida predilecta del tayta Inti. Actualmente, la favorita del norte del Perú.


La chicha en el ande norteño es consumida después de suculentos platos típicos como el cuy guisado; asienta la comida exquisitamente. Es un placer que sólo el cholo andino tiene el privilegio de gozar.

Muchos visitantes del interior del país, y porsupuesto del exterior, quedan maravillados por su madurez, por su peculiar sabor. No hacen más que admirarla y saborearla mientras la tienen a su alcance.

En la chacra, los peones no remueven la tierra, sin antes haber probado el rico el néctar que les dará fuerza y vigor. Éste acompañado de su “bolo” de coca en un lado de la cara. Nadie, absolutamente, nadie, trabaja sin la bendita hoja de coca, y el néctar sagrado del taita Inti. Chicha antes de empezar la jornada, chicha después de cada hora, chicha a la hora de almuerzo, y como broche de oro: chicha al final de la jornada.

Es tan indispensable esta bebida como la herramienta de trabajo. Sin herramienta no hay trabajo; sin chicha no hay valor ni energía para ejecutar la faena. En los palos cilulos, mientras la gente forma el ruedo para derribar a machetazos la “yunsa”, simultáneamente don Don Guillermo canta ese carnaval conocidísimo por todos los norteños, “arriba caballo blanco cilulo…”.

En tanto el machetazo penetra en el tronco añoso al ritmo de la música, la chicha del taita Inti es degustada y catada por las nerviosas parejas que no hacen ningún esfuerzo para derribar el árbol cargado de frutas y regalos, el motivo: nadie quiere devolver doblemente el palo para el siguiente año, como es tradición.

Caído el árbol y alborotada la gente por ganar las frutas o los regalos, los repartidores de chicha baldean el néctar sagrado encima de aquella gente desesperada que busca alcanzar un juguete o una fruta. Otra de las costumbres, muchas mujeres, ansiosas, esperan los domingos para pintarse el rostro de chapitas rosadas, sus labios ásperos con vaselina y unos cuantos ganchos de colores a la cabeza.

Tres o cuatro polleras de lana; un sombrero de palma y ya están preparadas para bajar el sinuoso camino durante varios cuartos de hora y llegar pueblo. Primero expenden sus animales o sus tubérculos, luego pasan a esas casitas vetustas, que llevan puesta desde sus ventanas una bandera blanca horizontal que flamea al ritmo de los fuertes vientos andinos.

Allí expenden aquella bebida que por varios días las mujeres esperan ansiosas para satisfacer a su famosa "solitaria" que empieza a pedir "chicha" a gritos ya desde los sábados. Se reúnen varias mujeres, piden una jarra con chicha, luego otra, así sucesivamente, hasta que empiezan a cantar y a rivalizar con el grupo de hombres que está al frente ellas. No hay pudor.

Hablan groserías y nadie se ruboriza. Momentos después si no hay broncas de género: guerra entre hombre y mujeres, nace la cizaña entre las mujeres, empiezan a lidiar. Primero se lanzan lisuras, después se agarran de las trenzas, se sueltan, se revuelcan, nadie las separa. Se cansan, se ríen y siguen tomando el néctar sagrado de su jefe Inti.Esa es la rica y distinguida chicha de nuestros antepasados. salud por eso...!!

LA MUJER DE MI HERMANO

by in , 3

Esta mujer despedía glamour y elegancia desbordantes por donde fuere. Una mujer al estilo Perricholi. Una ninfa en traje de ñusta andina. Así fue como la conoció mi hermano. La enamoró con palabras parcas, fofas, fiel a su estilo trivial. Y ella invadida por la ingenuidad andina cayó en las redes de este viejo pescador de mujeres sumisas.

Mi hermano era gordo y bonachón, le gustaba la cerveza y las mujeres. La cerveza para calmar su sed, y las mujeres para calmar sus otros deseos . En uno de estos bares clandestinos conoció a la mujer de sus sueños. Cupido lanzó la flecha, el efecto fue inmediato. Dos horas le tomó para enamorarla y dos semanas para contraer nupcias. Dos años para concebir a su primer hijo. Y tres para el segundo varón. Ambos saludables y pero mal criados. Nadie se escapaba de sus titubeantes palabras procaces y soeces infantiles, que no nos hacían más que soltar una carcajada por cada lisura que lanzaban.

La relación marital parecía ir viento en popa. Mi hermano trabaja en una empresa transnacional. Ganaba buena plata, sus hijos crecían en buena comodidad. Y la "ninfa" no pasaba hambre, sino soledad.

Fue entonces que Empecé a notar en sus ojos pena y tristeza. Mi hermano les visitaba cada fin de mes, salían a comer a los mejores restaurantes; a divertirse en la discoteca de moda. Pero la despedida al día siguiente le deprimía sobremanera. De nuevo era víctima de ese veneno, mezcla de pena y tristeza.

Debido a su notoria soledad la empecé a frecuentar a su cuarto con el pretexto de ver televisión. Pero antes inventaba cualquier excusa para que mis sobrinos abandonen el dormitorio y fueran a jugar en la azotea con los alucinantes robots de Stara wars; mientras yo buscaba el momento preciso para acercarme a la joven Ninfa y ofrecerla mis buenos sentimientos. Extrañada por mi actitud me rechazó de súbito.

Yo la quería consolar, desbordar el huracán de amor que traía encima. Pero sólo obtuve rechazo y más rechazo. Nunca más la volví a insinuar.

Ella hizo su vida y yo la mía. Un día recibimos la noticia de que mi hermano había sufrido un accidente, fue hospitalizado y a los pocos días falleció. La mujer de mi hermano quedó sola y abandonada, con dos hijos y un sin número de amantes de su marido.

Los días pasaron, y para evitar la tentación por la mujer mi hermano busqué un trabajo en una empresa que dista a más de 500 kilómetros de la ciudad. Siempre evité pensar en aquella muchacha vestida en traje de “ninfa”, pero la obsesión me sometía. Tuve que regresar.

De la muerte de mi hermano han pasado casi tres años. También tres años han pasado que no he regresado a la ciudad. Hoy llegué a casa y todo ha cambiado. Mi madre fenece de pena por el abandono de sus hijos. Yo a 500 kilómetros y mi hermano a tres metros bajo tierra. La “Ninfa” aún joven parece haberse congelado en el tiempo, sus ojos reflejan juventud y deseo de vivir la vida. Durante todo este tiempo su mente lo ha mantenido ocupada sólo a la crianza de sus hijos. No tiene novio, ni pretendientes, sigue guardando la memoria de mi hermano.

Pero sólo hasta hoy día, porque hoy me he convencido que ella es la mujer de mi vida. Precisamente la mujer de mi hermano.

UN MENSAJE DE LIBERTAD

by in , , 1


¿Qué has hecho con tu plumaje maravilloso?, le preguntó el rey, un poco confundido a su ave de plumaje dorado. “He sacrificado mis finas plumas para salir de esa jaula y lograr mi libertad”, contestó la avecilla.

¿Pero no eres feliz en esa jaula de oro, no te satisfacen las comodidades que te he dado?, le preguntó angustiado el rey. La avecilla respondió: “así como a usted le hace feliz la avaricia, el dinero, las joyas, a mi me hace feliz obtener mi libertad, mi rey.
El rey trastabilló al observar a la avecilla desplumada y prosiguió: “cuánto dolor habrás sufrido al sacarte las plumas más hermosas de tu cuerpecito sólo por un simple capricho,lograr tu libertad y vivir en ese mundo salvaje”.

La avecilla de plumaje dorado le respondió: “más dolor he sufrido durante todo este tiempo que me has tenido encerrado en esa espantosa jaula y no haber podido volar en el cielo celeste mis últimas agonías".

“Pero de que agonías hablas, replicó el rey, tú no te vas a morir".
El ave apunto de fenecer le dijo: “mi cuerpecito no ha resistido tanto dolor, tanto sacrificio, me siento fustigado. Me falta oxígeno, me siento fenecer, a pesar de todo salir de la jaula ha valido la pena”.
El rey, que no se negaba a perderlo replicó: “pero te he dado comodidades, buenas comidas, todo lo que has deseado".

En sus últimos respiros respondió la avecilla: “Para mi no tiene ningún valor tu riqueza. Tal vez he degustado los mejores manjares en tu palacio, pero mi vida encerrada no le da sentido a mi existencia. Yo soy una avecilla libre por naturaleza. Tengo que regresar al lugar al que pertenezco. Donde los míos vuelan al libre albedrío por el cielo infinito. Donde tienen la oportunidad de elegir libremente y poder volar en todo momento".

El rey al escucharlo y al ver el sacrificio por la lucha de sus ideales, se postró sollozando, al pie de la jaula y observaba atentamente, cuando sacaba fuerzas de su flaqueza para asomarse a la ventana y poder ver por última vez a la naturaleza en todo su esplendor.

La avecilla, desde el filo de la ventana dejaba caer de sus rebosantes ojos aquellas lágrimas soñadoras, por fin libres, sin ataduras de la servidumbre, ni de su rey.

Allí acabó dando sus últimos respiros en aquella ventana contemplando aquel estupendo paisaje de sus sueños, de sus ideales. por fin llegó a ser libre.

EL CHOLITO VALLEJO NO ES UN TRIUNFADOR

by in , 6


Habían pasado casi ocho horas de viaje, y por fin el autobús arribó a la ciudad de Trujillo. Los pasajeros despertaron de sus profundos sueños, cargaron sus maletines y se bajaron.

El "cholito Vallejo" después de un largo trajín llegó a las inmediaciones de la Universidad. Apenas recorrió unas cuantas manzanas y encontró una habitación. Tenía baño privado; una cama confortable; y una ventana amplia que se podía divisar a la Universidad. Sobre todo poseía unas barras de gimnasia pegadas en el techo raso, “precisas para ejercitarse”,pensó. Lo alquiló.

Después de firmar el contrato de alquiler, se quedó recordando situaciones agradables, como las de su etapa de colegial.

Minutos después quedó dormido en la cama y no despertó hasta el día siguiente.

Ese día tomó su beca integral que había ganado en su colegio de su tierra natal y fue a inscribirse a la mejor academia preuniversitaria.

Sus clases empezaron el 03 de enero, y desde el primer día empezó a demostrar su talento cultural.

Los meses pasaron raudamente, casi trece desde que llegó, y sólo faltaba una semana para el examen de admisión a la Universidad. Los nervios empezaron a notarse en el “cholito Vallejo”. Era consciente de su buena preparación, pero también era consciente de los cientos de postulantes a su carrera. Además tenía su “talón de Aquiles”: los nervios, que no los podía controlar.

El día anterior al examen de admisión llegó sorpresivamente doña Victoria, su madre. El “cholito Vallejo” se emocionó notablemente. Ese mismo día, doña Victoria lo preparó un buen plato de revuelto con cuy frito. Cenaron y se acostaron temprano.

El día del examen el “Cholito Vallejo” se despertó tenso e irritable. Su madre le ayudó a vestirse. Tomó su vaso con leche fría y se despidió; pero doña Victoria optó por acompañarlo.

Los miembros de seguridad de la Universidad abrieron el portón, y autorizaron el ingreso de los postulantes. Doña Victoria bendijo a su hijo y se alejó. Minutos después sonó una alarma, señal que había comenzado el examen.

El “cholito Vallejo” empezó a experimentar ciertos temblores y sudoración en su cuerpo, propias del nerviosismo. Durante las tres horas hubo un silencio inevitable, todos concentrados resolvían su examen.El “cholito Vallejo” no sólo se había concentrado sino también había empapado con sudor el examen hasta el exceso de no poder resolver la última pregunta. No se leía bien. De pronto empezó a sonar nuevamente la alarma, había finalizado el examen.

El “cholito Vallejo” al salir no quería hablar con nadie. Ni con doña Victoria que le esperaba alegre. “los nervios le había traicionado. Le faltó resolver algunas preguntas. Doña Victoria trataba de consolarlo, pero El “cholito Vallejo” obstinado con su idea de que no iba a ingresar reflexionó y le dijo a su madre que este mundo se ha hecho sólo para los triunfadores, y no para los perdedores, y que él no era un triunfador.

Doña Victoria, se sentía culpable por la actitud soberbia de su hijo. Nunca le inculcó que en la vida muchas veces se gana y otras, se pierde. Cuando ya era casi las 10 de la noche, el cholito enciende la radio para escuchar los resultados del examen de admisión, pero ya habían finalizado. No escuchó nada. Se llenó de ira y casi rompe las pocas cosas que había en su habitación. Su madre lo tranquilizó, y le dio cincuenta céntimos para llamar a la radio y preguntar su resultado. Preguntó si Fernández Manrique, Baltasar, había ingresado al programa de Derecho. La recepcionista de llamadas le hizo esperar un momento. Buscó el apellido Hernández… "no está", murmuró. Pero le dio otra ojeada y no encontró el apellido Hernández. Cogió el auricular y le informó que no había ingresado. le cayó como un baldazo de agua, pero confirmó sus dudas.

Lo que no sabía el “cholito Vallejo” era que la señorita buscó el apellido Hernández y no Fernández. De tal modo que aún no se sabía si ingresó o no. Regresó a su cuarto, encrespado y desmoralizado. Su madre trató de animarle, pero no quería alivios, no quería nada. Se acostó sobre su cama y se quedó mirando las barras de gimnasia en el cielo raso de su cuarto. Le chorreaban las lágrimas de puro dolor. ¡Fracasé…! pensaba.

Al día siguiente su madre se levantó muy temprano a comprar el periódico. Por su parte, El “cholito Vallejo” escuchó que su madre cerró la puerta y se levantó de la cama con el rostro demacrado y una mirada extraña.

Rompió el cordón de la plancha tomó una hoja, un lapicero y sentó a la mesa. Mientras tanto su madre, en la esquina de la manzana, revisaba el periódico y fue sorprendida porque su hijo no sólo había ingresado, sino también ocupaba el primer puesto. De inmediato regresó a darle la buena noticia a su hijo. Los de la radio se habían equivocado: “inútiles, no sirve para nada”, regañó. Entró como el viento impetuoso a la casa. Subió las escaleras gritando: ¡hijo mío ingresaste! ¡Hijo mío ingresaste! Al abrir la puerta su mirada se desvaneció. ¿Hijo mío qué te has hecho? Gritó fuertemente.

El “cholito Vallejo” yacía ahorcado en aquella barra de gimnasia arriba en el techo. Se había ahorcado con el cordón de la plancha. Su madre, desesperada, lo sostenía de los pies para que no se siga trozando el cuello.

LA PERRICHOLI

by in , 15

Recomiendo: www.aulavirtualunt.blogspot.com

Una de las mujeres más asediadas de finales del siglo XVIII, que removió los cimientos de palacio de gobierno, conquistando el corazón del Virrey Don Manuel de Amat, fue Micaela Villegas, apodada “La Perricholi”. Se enamoraron perdidamente, tuvieron un hijo, juntos. Finalmente se separaron el virrey retornó a España y la Perricholi, abandonada, se casaría años más tarde.

Doña Micaela Villegas, nació en 1748. Desde niña se veía atraída por los perfumes, los rubíes y los vestidos elegantes que sólo pocas mujeres de la aristocracia limeña tenían el privilegio de lucirlas.

El teatro era su pasión. Cuando tenía doce o trece años se pasaba horas o días enteros actuando y fantaseando frente al espejo. Soñaba ser una distinguida actriz limeña. Ya por los años 1761, Micaela debutó como comediante en el teatro. La mozuela quedó presuntuosa por su actuación; y el público, complacido lo laureó con aplausos y elogios, desde entonces nunca más dejó de actuar en el teatro.

A los 20 años, su talento, elegancia y elocuencia habían convertido a la doncella Micaela en una verdadera actriz de teatro. La notable clase limeña quedaba impresionada por su distinguida actuación. Todos los días el teatro se abarrotaba de público. Los buenos comentarios que hacían de la joven Micaela llegaron inmediatamente a los oídos del Virrey Manuel de Amat. No se aguantó de la curiosidad, y empezó a frecuentar el teatro “La Comedia”. Quedó prendado por su gracia, su chispa y su natural gallardía. A los pocos días la mandó llamar a Palacio. Todos los días se frecuentaban, nunca se supo cuando formalizaron su relación amorosa.

El teatro “La Comedia” “era uno de los lugares oficiales a que se debía acudir con respeto y expectativa” entre ellos generales, capitanes, poetas, catedráticos,… Muchas de las mujeres de los citados arriba, desdeñaban el trabajo de Micaela. No les parecía bueno. La envidiaban. “Ni gracia tiene… Mira como alza la pierna para que se la vean”- decían entre dientes. A finales del último decenio (1769), doña Micaela trae al mundo un robusto bebé muy parecido a su padre el Virrey Amat, le llamaron Manuelito. Este hijo reforzó su relación por un tiempo. Hasta que una noche de verano, en la alcoba de la pareja, sucedió un altercado entre Micaela y Virrey. Éste intentó calmarla por todos los medios, no lo consiguió, solo atinó a increparle “Basta ya, basta ya tu no eres más que una desagradecida Perricholi, eso es lo que eres tu”. Otro día en plena actuación La perricholi fue ofendida por su director, no le gustó, tiró al piso todo lo que encontró en su enrededor. El público reaccionó contra el Virrey, lo miraban con malos ojos y gritaban “¡Fuera la cómica! ¡A la cárcel!” Este fue motivo de su separación, de casi 2 años.

Ninguno daba el brazo a torcer. “La perricholi” continuó trabajando en el teatro. Entre tanto, el Virrey Amat perseguía contrabandistas, azotaba jesuitas y espantaba políticos… Un día, el Virrey Amat, perturbado por su soledad, fue a donde la perricholi, le pidió perdón y regresaron, pero la relación duró poco tiempo, ya que en 1776, el Virrey fue reemplazado en el virreinato del Perú por don Manuel Guirior. Don Manuel de Amat regresó a España.

La Perricholi pasó varios años de abstinencia, de espera. Manuel de Amat nunca regresó. Su hijo, adolescente viajó a España. Su madre quedó sola en Lima, pero conoció a un hombre “emprendedor, muy entendido en achaques teatrales”, de nombre Vicente Fermín de Echarri. En 1788, la Perricholi contrae matrimonio con Echarri. Desde entonces llevan una vida tranquila, y dedicados al arte. Ambos amaban el teatro. Lastimosamente años más tarde la salud de Echarri se torna muy frágil e inevitable y fallece en 1807.

Nunca Olvidó aquellos buenos tiempos del Virrey Amat. Tiempos en que fue objeto de admiración, de aplausos, de envidia. Sus sueños los hizo realidad. Pero de ellos sólo le quedarían recuerdos, nada más que recuerdos. Muere en 1819. Así escribirían los diarios limeños: “Ayer enterramos a la Perricholi”. Otro decía: “El 16 de este mes (mayo) murió ejemplarmente la Mica Villegas, alias la célebre cómica Perricholi”.


LAS FERIAS DE LIBROS EN TRUJILLO

by in , 2


Un día, casi desesperado, salí de mi casa con dirección a la feria de libros en el centro de Trujillo. No era para menos, pues había estado leyendo las “Crónicas Perdidas” del célebre escritor Bryce Echenique, cuando sin pena de los lectores, que ignoraban, citó una serie de bellos libros literarios. Mencionó a “Ulises”, de Joyce; “El Hombre sin Cualidades”, de Musil; “La Guerra y la Paz”, de Tolstoi; entre otras novelas.


Yo conocía sólo por cultura general de la existencia de estas obras monumentales, pero aún no me había deleitado de su lectura.

Recuerdo que al salir de mi casa divisé a la distancia una combi. Alcé mi pulgar derecho, paró en seco y subí. Adentro el ambiente era cálido y hediondo, y en la medida que avanzaba la combi, aumentaba la hediondez. Despedían unos olores capaces de asfixiar a cualquier pasajero. Sino se desmayaban era porque no quería ser socorridos por los apestosos pirañitas que iban a nuestro lado. Yo no sabía por dónde refrescarme de aire fresco, las ventanas estaban selladas. Era tan insoportable, que los pasajeros respetables bajaron en grupo en el siguiente paradero, yo no fui la excepción. Bajé dos cuadras antes de lo previsto, en la avenida los Incas.
Caminar solo por estos lugares era peligroso, porque reinaban la delincuencia: 'choros' enchavetados, fumones locos, hasta estafadores de incautos. Era la calle más peligrosa de la ciudad. Ahí bajé solo. Opté por caminar. Era medio día y el sol estaba en el clímax de su resplandor; así como en su clímax estaba la congestión vehicular.En realidad los “clacsons” y los motores vehiculares no me fastidiaban. Quizás porque mi afán por los libros opacó totalmente cualquier otro interés.

Llegué a la primera feria, me llamaron con una voz estentórea: “¿casero que te vendemos?” “¿Casero?”, pero caseros les dicen a todos aquellos que visitan permanentemente la “Casa Verde”, o mejor dicho, con el perdón de los lectores, la casa de la ‘putería’. Yo, indignado por semejante ofensa- ceñí la frente y no quise entrar; pero no podía resistirme a palpar esos libros guardados en los anaqueles oxidados.Tímidamente ingresé a la feria, me preguntaron: “qué obra estás buscando”, de inmediato les dije: “El Hombre sin Cualidades”, de Musil. “¡Qué…!”, me respondió intrigada la vendedora gorda de piel bronceada. “Estoy buscando ‘El Hombre sin Cualidades’, de Musil” - le repliqué. “¿Acaso es sorda?, musité. Frunció el seño, miró alrededor de los estantes y atinó a decirme que esa obra no la tenía.

Pregunté por “Ulises” de Joyce, tampoco lo tenían. Casi resignado caminé un poco más al fondo de la feria, más o menos por donde los libros están casi botados y en el olvido. Le pregunté a la librera más antigua: “¿señora es usted la dueña?”, me respondió que sí, pero que la señorita de afuera me podía atender, porque ella andaba ocupada. Volví replicar: “pero señora su empleada dice que no tiene las obras que yo la he pedido.“¿Tendrá “La Guerra y la Paz” de Tolstoi?”, le pregunté de por última vez. “Por supuesto que la tenemos”, me dijo enérgicamente.

“¿Puedo revisar la obra?”, le pregunté. De inmediato con una voz estridente gritó: ¡Josefinaa…! Enséñale “la Guerra y la Paz”. “¿Enséñale?”, musité. De inmediato pensé que esta fulanita me iba a armar la guerra, tal vez me iba a votar a librazos de la feria. Motivos no le faltaban, me había quejado con su patrona, y probable la despidan, todo por mi culpa. Sentí escalofríos.

Me acerqué temerosamente a la muchacha Josefina. Se tardó en encontrarlo. Al rato me alcanzó el libro, con gestos despectivos. “Ah es esa editorial, a ese libro le faltan hojas, o repite páginas completas. ¿No tendrás, ediciones más anteriores?”, le pregunté intrigado. “No joven solo tenemos éste”, me respondió tragándose las salivas porque lo había hecho empolvarse las manos en medio de esos libros apolillados, para colmo no le compré, seguramente me empezó a odiar y para siempre. “Gracias”, le dije y sólo atiné a retroceder.

Salí decepcionado.Con las manos en el bolsillo, sobre todo para prevenir cualquier sorpresa de desfalco, me dirigí a la siguiente feria de libros. Ésta era más pequeña que la anterior. Sólo tenía un ambiente. Sus estantes estaban llenos, diría yo repletos de libros.Esta vez ya no pregunté al ayudante, sino al dueño, me respondió con claridad que no le sobraba ningún libro de los solicitados.

A lado de esta feria había otra, era la última. Ingresé me atendió un hombre que más parecía una dama, motivos no le faltaban: tenía cabello largo y rubio, y pronunciadas sombrillas en los bordes de sus ojos. Sus expresiones, sus gestos eran afeminados. Sin embargo, tenía una cara de buldog degollado. Más feo que el patito del estanque.“¡Hoola casero...!, ¿qué libros estás buscando?”, me preguntó.Otra vez esa palabra, me dije, yo le tengo pavor, no quiero ni pensarlo, casero es el que visita frecuentemente aquel burdel de el Milagro, pensé furioso.

Esta vez le alcancé la lista de las obras, los leyó detenidamente, al rato me dijo: Temo decirte casero, pero estos libros que buscas no los vendemos. “Entonces para qué los tienen”, le respondí alterado. Ella, o mejor dicho él me dijo: “estos libros sólo los alquilamos para que lo fotocopien”.¿Acaso no hay nadie en esta ciudad que tenga estos libros? Salí decepcionado de estos lugares buenos para nada. “Tendré que viajar a Lima”, me iba pensando.

Cuando había avanzado unas cuadras de regreso a mi casa, me acordé que un amigo amante de los libros me dijo que en 'Tacorita' vendían libros de toda calidad: usados y bien baratos. “¡Aguanta!”, pensé, ¿'Tacorita'? ¿Ir solo? ¡Solo no entro ni a bala…! especulé. Ese lugar está lleno de ‘rateros’ los más conocidos del mundo del hampa. En esas calles de nadie, sólo el más fuerte sale librado de ese submundo de delincuencia.Lo pensé dos veces y esas dos veces “mi solitaria” devoradora de libros, como decía Don Vargas Llosa, me inducían a caer en la tentación de ingresar. De modo que maniobrado por esos antojos de mi solitaria me arriesgué y caminando me dirigí hasta la entrada de esta tierra de nadie, donde cualquiera está propenso a las voluntades de los individuos que están al acecho de su mejor presa.

A mi costado había un niño harapiento que ofrecía sus periódicos; a mi otro costado, una jovencita de palabra triste, expendía marcianos descongelados; otra señora regordeta medio sucia ofrecía su “leche de tigre”. Y como fondo musical se escuchaba el canto de las divas: Sonia Morales y Dina Paucar.

Era un caos bullicioso.De pronto, al hacer mi ingreso triunfal en medio de ese gentío, sentí que alguien me agarró de los dos brazos hacía atrás, con una fuerza descomunal. Creí que era algún amigo que estaba bromeando. Volteé la cabeza y miré sobre mis hombros, era un negro que me escupía al hablar. Me amenazó cortarme el cuello si hacía algún movimiento en falso.Hice un poco de fuerza para zafarme pero este negro tenía la fuerza de diez elefantes.

Mientras pedía auxilio alguien de aspecto desagradable se acercó y metió sus manos sucias a mis bolsillos, sacó mi billetera, se dio el lujo de buscar con toda la paciencia del mundo el dinero ahorrado para mis libros, sacó mi dinero, y botó mi billetera.De nada valió haber pedido auxilio, la gente sólo me miraba estupefacta. No había solidaridad trujillana.

Recogí mi billetera, mis documentos dispersos en el suelo, y emprendí la retirada. “Mil veces maldita este lugar de mierda, acá no hay seguridad. La vida no vale nada. Casi me cortan el cuello ¡carajo! Anonadado quedé… mi mente yacía en blanco. Alguien me llamó y me dijo:“¡Joven…! olvidaste recoger tu agenda, ¿Has traído a vender algo? Nosotros compramos cualquier cosa robada, o usada”. “No señor”, le respondí. Sólo vine a comprarme un libro.