EL OTRO CUENTO

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Escrito por Miguel
Una princesa que se había escapado de un cuento por tener un final triste, llegó a la casa de Juan el flautista. Quien vivía tocando su flauta y haciendo llorar a las piedras.
Tocó su puerta y saliendo Juan a su encuentro lo primero que hizo fue preguntar qué deseaba. Ella que no sabía exactamente dónde estaba ni por qué estaba, le preguntó si era Juan el flautista, que vivía tocando su flauta y haciendo llorar a las piedras.
Juan le contestó, sí soy yo ¿qué se le ofrece?
-Soy la princesa Meli y me acabo de escapar de un cuento por tener un final triste.
-¿De qué cuento exactamente?
-De uno que todavía no acaba, porque me escapé de él.
-Bueno, y ¿cómo llegaste hasta aquí, cómo sabes quién soy?
-Llegué por una puerta que decía: cuento de Juan el flautista el que vive tocando su flauta y haciendo llorar a las piedras.
- ¿Y no sabes que está terminantemente prohibido pasarse de un cuento a otro?
- Sí lo sé, pero es que no me quedaba otra alternativa. Resulta que en el otro extremo del reino vivía un príncipe al que todos llamaban el animal, por su aspecto feroz y su maldad sin límites.
- Y, ¿qué con él?
-¿Me dejas entrar por favor? Está haciendo frío acá fuera.
-Está bien, pasa. Mi casa no es muy lujosa como un palacio pero tiene su encanto. Aquí se puede dormir de la forma más placentera, que en cualquier otro lugar del mundo.
La princesa entró.
Siéntate, le dijo Juan, después de cerrar la puerta.
Ella se sentó en una modesta silla de madera y paja que crujía al menor movimiento de su cuerpo. Eres muy amable, le dijo. Sígueme contando ¿Quién era este príncipe al que todos llamaban el animal por su aspecto feroz y su maldad sin límites?
-Este príncipe era hijo del Rey Negro, famoso por su crueldad y arrogancia. De quien se decía había hecho morir de miedo a los laureles.
-Continúa.
-También era hijo de Melba la hechicera, la que podía apoderarse del alma de las personas.
-Y, ¿qué fue lo que pasó?
-Lo que pasó fue que un día al Rey Negro le llegó la noticia de que a su hijo a quien llamaban el animal, por su aspecto fiero y maldad sin límites, le dieron ganas de hacer una maldad que pondría en peligro al reino entero.
- ¿Cuál era esa maldad?
- Robarse la luz del día de la cual mi reino era propietario.
- Y, ¿cómo iba a lograr eso?
- Secuestrándome. Ya que la luz me seguía a todas partes.
- Y, ¿qué sucedería después?
- Después me llevaría a su reino de sombras al cual la luz no podría entrar, por serle prohibida la entrada.
-Y ¿el Rey Negro qué hizo cuando se enteró de lo que su hijo pensaba hacer?
-Pensó que su hijo había perdido la cordura. Ya que por miles de años la luz y las sombras permanecían separadas a causa de una rotura en el tiempo y en el espacio.
Y entonces cabalgando sin parar fue en busca de su hijo, el cual decidido a cometer su fechoría se había ido a vivir en el extremo que separaba los dos reinos. Pero antes que llegara, el príncipe animal había logrado ingresar al otro reino después de burlar a los guardias, quienes no lo vieron entrar a causa de un sueño que les dio por haber respirado un vapor que salía del príncipe animal. En realidad nosotros no solíamos dormir. Vivíamos despiertos porque la luz nos acompañaba siempre.
- Y, ¿luego?
- Luego el sueño se fue apoderando de las personas y antes de que el príncipe llegara donde yo me encontraba, mi padre el Rey Blanco logró encontrar la llave que abriría cualquier puerta de las que estaban prohibidas entrar, debido a que después de la rotura en el tiempo y el espacio la fantasía y la realidad se habían separado por completo, hasta ser dos cosas irreconciliables.
- Y, ¿después?
- Después mi padre salió al encuentro del príncipe animal no sin antes darme la llave con la cual pude entrar a este cuento. No quise saber como acabaría mi cuento y ahora estoy en el tuyo. Se suponía que iba tener un final triste pero escapé de él.
-¿Qué puedo hacer para ayudarte?, le contestó el flautista.
_No creo que puedas, le contestó la princesa. Además, este es otro cuento y tú tienes que hacer llorar a las piedras con tu flauta.
-Sí es cierto. ¿Quieres escuchar como toco?
- Claro, contestó la princesa.
- Y Juan empezó a tocar y la princesa escuchaba con tristeza hasta que no pudo más y rompió en llanto. Entonces Juan dejó de tocar y las piedras dejaron de llorar y el cuento de Juan terminó. Y otro empezaba ahora.

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